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Una hoja de ruta contra la contaminación |
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Por Marcela Valente*
Un
fallo judicial que obliga a limpiar la cuenca Matanza-Riachuelo
en Argentina sienta un precedente en el derecho ambiental en la
región.
BUENOS AIRES, 10 jul (Tierramérica).- La cuenca
Matanza-Riachuelo, la más contaminada de Argentina por más de un
siglo, podría comenzar a sanearse a partir de un innovador fallo
de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que es considerado
ya un hito en la historia del derecho ambiental latinoamericano.
En respuesta a una demanda de vecinos afectados por la polución,
el tribunal emplazó este mes a 44 empresas a informar sobre los
residuos que vierten al río Riachuelo. También instó al Estado a
presentar un plan de manejo y convocó a todas las partes a una audiencia
pública el 5 de septiembre.
La cuenca Matanza-Riachuelo tiene 64 kilómetros de largo. Nace al
oeste de la provincia de Buenos Aires y al llegar a la capital marca
su límite sur hasta desembocar en el Río de la Plata. En sus dos
mil 240 kilómetros cuadrados viven 3,5 millones de personas y operan
más de tres mil 500 industrias
A Alfredo Alberti, vecino de uno de los barrios más vulnerables
de la cuenca, la sentencia lo llena de esperanza. "En ausencia de
un Poder Ejecutivo que se haga cargo alguna vez de este problema,
la propuesta de la Corte es muy promisoria", declaró Alberti a Tierramérica.
La sentencia no sólo causó impacto entre los interesados sino también
en el ámbito judicial. El fallo fue muy comentado en el III Programa
Latinoamericano de Capacitación en Derecho y Políticas Ambientales
realizado en Buenos Aires del 20 al 30 de junio con funcionarios
judiciales de la región.
"Los ciudadanos se presentan ante la justicia para denunciar la
contaminación, pero ¿y los fiscales?", cuestionó la jueza Aideé
Vázquez, de la provincia de Neuquén. La magistrada, que preside
el Foro de Jueces por el Medio Ambiente, dijo a Tierramérica que
lo que falta en la justicia es "capacitación" sobre estos temas.
En este contexto la sentencia hizo escuela.
"Para la justicia ambiental de Argentina y de América Latina, este
es un 'leading case' (caso testigo), la Corte nos dio una lección
maravillosa", destacó la jueza Aida Kemelmajer, de la Corte Suprema
de Justicia de la provincia de Mendoza.
"Esto es lo que los jueces debemos hacer, no sólo escribir palabras
bonitas sino establecer de qué modo y en qué plazo se deben cumplir
nuestras decisiones", elogió.
"Es un hito, un excelente fallo", remarcó Enrique Peretti, juez
de la Corte Suprema de Justicia de la provincia de Santa Cruz. "Incorpora
a generaciones futuras como sujetos de derecho y marca pautas a
seguir en estos casos", opinó.
La cuenca Matanza-Riachuelo está contaminada desde el siglo XIX
pero en las últimas décadas la polución se tornó crítica. En abril
la Auditoría General de la Nación advirtió sobre el riesgo de una
"catástrofe sanitaria" y la Defensoría del Pueblo de la Nación alertó
dos veces sobre la falta de políticas públicas sobre el tema.
El problema es complejo porque abarca tres jurisdicciones. Por un
lado está la competencia del gobierno nacional, que debe prevenir
la contaminación, pero también tienen responsabilidad la provincia
de Buenos Aires y la ciudad del mismo nombre. La Corte fijó un esquema
que apunta a destrabar el conflicto.
La posición del máximo tribunal quedó cristalizada en una causa
iniciada en 2004 por un grupo de vecinos que demandó por la contaminación
de la cuenca tanto al gobierno nacional, como al provincial y al
de la ciudad, y también a 44 empresas. Entre las firmas está
la petrolera holandesa Shell y la automotriz alemana Mercedes Benz.
La sentencia resolvió tutelar exclusivamente el bien colectivo y
devolvió a jueces de primera instancia las demandas individuales
por eventuales daños. A partir de esa diferenciación, los jueces
consideraron que es su deber buscar la recomposición del daño y,
en caso de que este sea irreversible, el resarcimiento.
"La mejora o degradación del ambiente beneficia o perjudica a toda
la población porque es un bien que pertenece a la esfera social",
dice el fallo. "De allí deriva la particular energía con que los
jueces deben actuar para hacer efectivo el mandato constitucional
de garantizar el derecho a un ambiente sano", abunda.
La Corte sostuvo que en 30 días las empresas deben informar sobre
los líquidos que arrojan al río, su tratamiento, y si tienen los
seguros que manda la ley de ambiente para el caso de tener que responder
por el daño provocado.
Asimismo, solicitó al gobierno nacional, al estatal y al municipal
que presenten en 30 días "un plan integrado" con estudios de impacto
ambiental de las 44 empresas, que impulsen un programa de educación
ambiental y otro para hacer pública la información relacionada al
ambiente.
En el seminario, el juez Ricardo Lorenzetti, autor intelectual de
la sentencia, admitió que es la primera vez que la Corte se concentra
en la tutela de un bien colectivo como es el ambiente, y que lo
hace con el fin de colocar el tema en la agenda de debate social.
"Se necesita abrir el tema a la sociedad, porque esa es la manera
de crear conciencia sobre el problema y alcanzar soluciones. De
nada sirven las leyes si la práctica social camina por otros senderos",
desafió el juez.
* Corresponsal de IPS.
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