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Con sed y en tinieblas |
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Por José Adán Silva *
La
sequía por la deforestación está detrás de los apagones que afectan
a Nicaragua hace cuatro meses. Si no llueve, el malestar popular
se desbordará, advierten.
MANAGUA, 28 Ago (Tierramérica).- Una severa
sequía impide que las empresas de energía eléctrica en Nicaragua
funcionen en toda su capacidad. La crisis energética provocó un
estallido social en los últimos días cuando los períodos de racionamiento
alcanzaron las 15 horas diarias.
Tras cuatro meses de apagones, miles de personas salieron el 22
de agosto a las calles de Managua, la capital, para exigir la salida
del país de la multinacional Unión Fenosa, principal distribuidora
eléctrica del país, a la que responsabilizan por la falta del servicio.
En la sudoriental ciudad de Masaya, pobladores apedrearon las oficinas
de la empresa durante las protestas.
La empresa española, que mantiene un contrato de distribución en
Nicaragua desde el año 2000, deslindó su responsabilidad y dijo
que el déficit energético del país (calculado en unos 140 megavatios)
se debe a desperfectos en varias plantas generadoras y el alza de
los precios del petróelo, pero sobre todo al bajo nivel de agua
en la represa de Apanás.
El presidente del Instituto Nicaragüense de Energía, David Castillo,
había anunciado que la hidroeléctrica estatal Hidrogesa, que opera
con las aguas represadas del lago artificial Apanás, dejaba de funcionar
a causa de la sequía.
La represa de Apanás, en el septentrional departamento de Jinotega,
genera 23 por ciento de la energía que consume Nicaragua.
Según Castillo, el próximo verano la planta podría colapsar por
falta de agua.
El presidente Enrique Bolaños advirtió que si en los próximos días
no llueve, la crisis energética se agravará a la par del descontento
social.
Varios expertos vinculan la escasez hídrica con la deforestación
de bosques y advierten que hay que frenar la tala indiscriminada.
"Estamos perdiendo (el agua) vertiginosamente. Tenemos un promedio
de 38 mil litros de líquido per cápita en las reservas, pero las
principales cuencas son afectadas por la sequía que genera la deforestación",
dijo a Tierramérica Salvador Montenegro, director del Centro de
Investigaciones de Recursos Acuáticos (CIRA) de la Universidad Nacional
Autónoma de Nicaragua.
La represa de Apanás provee a 41 mil kilómetros de territorio urbano,
justo donde comienzan las fuentes subterráneas que alimentan a los
dos grandes lagos del país: el Xolotlán, contaminado desde hace
más de 50 años, y el Cocibolca, o Gran Lago de Nicaragua, también
afectado por la polución hace dos décadas.
Aunque Montenegro no tiene datos precisos sobre la cantidad de agua
que Nicaragua pierde por la destrucción de bosques, ciertas señales
reflejan una grave situación ambiental.
En 1964, el lago Apanás ocupaba 60 kilómetros cuadrados, incluyendo
riberas boscosas. Ahora se redujo a 50 kilómetros cuadrados por
la tala en su área de influencia, de donde desapareció el río Viejo
de Jinotega, que alimentaba su embalse.
Según la titular de la Secretaría Ambiental de la Alcaldía de Jinotega,
María Teresa Centeno, el lago artificial perdió volumen de agua
debido a la deforestación en la cuenca y el uso incontrolado de
bombas de riego de sembradíos vecinos.
De acuerdo con estudios del CIRA, en las meridionales mesetas de
Carazo los pozos pierden casi un metro de caudal por año, mientras
que en las serranías que rodean a la capital las pérdidas son de
casi 10 metros en los últimos ocho años.
"Si seguimos así, pronto tendremos que cambiarle el nombre a la
capital. Nos llamamos Managua porque, en un tiempo, de esta tierra
manaba agua casi al pinchar la superficie", señaló Montenegro.
Especialistas advierten que la cobertura vegetal del país se ha
reducido dramáticamente. Desaparecieron 85 por ciento de bosques
secos y 65 por ciento de bosques húmedos, según el Programa de las
Naciones Unidas para el Desarrollo.
El gobierno nicaragüense señala que esta cifra es "aproximada",
y decretó estado de emergencia en varios departamentos donde el
Ejército tiene órdenes de detener vehículos cargados de madera,
para evitar el tráfico ilegal.
Esta medida se mantiene vigente y fue reforzada con la creación
de una ley del Medio de Ambiente que pena los delitos contra bosques
y fuentes hídricas.
Pero para Jaime Morales, presidente de la Comisión Nacional del
Medio Ambiente de la Asamblea Nacional, estas medidas llegan tarde.
"La mayoría (80 por ciento) de las cuencas del país está contaminada
y degradada. Lo que queda es evitar que se sigan perdiendo y preservarlas",
dijo Morales.
* Colaborador de Tierramérica. |