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Minería brilla a reclamo abierto |
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Por Diego Cevallos *
Las
dos minas más importantes de América Latina han sido golpeadas por
conflictos laborales. Los obreros que a diario arriesgan sus vidas
en los yacimientos reclaman ser parte de la bonanza del sector.
MÉXICO, 4 sep (Tierramérica).- Con la bonanza
de los precios de los metales se dispararon los ingresos financieros
en América Latina, pero también los conflictos sindicales del sector
minero, donde comparten elevados riesgos laborales los trabajadores
mejor pagados de la región y varios millones de pobres.
Los mineros chilenos, que ganan hasta dos mil dólares mensuales,
y los de Perú y México, cuyos pagos suelen no superar los 60 dólares
semanales, reclaman participar de la bonanza actual.
En Chile, una huelga afectó durante tres semanas en agosto al yacimiento
de cobre más grande del mundo, y en Perú protestas vecinales lograron
paralizar por unos días también el mes pasado la mayor mina de oro
de América Latina.
En México ya lleva cinco meses un diferendo sindical entre los mineros
y el gobierno, y en América Central activistas y pobladores quieren
cerrarle el paso a esa actividad.
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la minería
es la actividad que produce más accidentes mortales y enfermedades
entre sus trabajadores. Además, en ella participan millones de personas
de manera informal, sin protecciones laborales ni seguros de salud.
La minería solamente genera problemas, como "cáncer, contaminación
en los ríos y abortos", opinó el obispo hondureño Luis Alfonso Santos,
quien integra un movimiento social contrario a la agresiva apertura
centroamericana a compañías mineras transnacionales.
La recuperación de los precios de los metales de los dos últimos
años --gracias a la demanda de China e India-- sacó a la minería
de América Latina de la crisis generada en los años 90, cuando se
contrajo la fuerza sindical del sector y se liberalizó gran parte
de la oferta laboral.
Pero ahora la entrada de multimillonarios ingresos frescos ha disparado
problemas entre empresarios, trabajadores y pobladores, que han
desembocado en algunos casos en la violencia.
El reto es cómo lograrán los actores "conciliar la época de las
vacas flacas que termina con la de las vacas gordas", considerando
que la bonanza es cíclica y que podría revertirse en cuatro años
más, dijo a Tierramérica Eduardo Chaparro, experto en minería de
la Comisión Económica para América Latina (Cepal).
Miguel Palacín, presidente de la Coordinadora Nacional de Comunidades
del Perú afectadas por la minería, dijo a Tierramérica que con sus
millonarios ingresos, "los señores de la minería han puesto de rodillas
al gobierno" de su país.
"Es una vergüenza que las autoridades acepten limosna de las multinacionales,
cuando, según las leyes, el recurso minero es del Estado", señaló.
Palacín aludía al acuerdo que el gobierno del presidente Alan García
suscribió en agosto con las mineras para que en los próximos cinco
años éstas aporten voluntariamente 757 millones de dólares a programas
sociales.
Esta cifra representa apenas 27,4 por ciento de las utilidades netas
obtenidas en lo que va de 2006 por las cinco mayores mineras extranjeras
que operan en Perú.
Desde 2004, todas las firmas mineras de América Latina sumaron importantes
ganancias. El precio del cobre subió 111 por ciento, el del oro
42,5 y el de la plata 65,5 por ciento.
Para exigir que aporten a su desarrollo, pobladores de la noroccidental
región peruana de Cajamarca mantuvieron paralizada la mina de Yanacocha,
mayor productora aurífera de América Latina, entre el 28 y el 31
de agosto.
Operada por la estadounidense Newmont y la peruana Buenaventura,
está en una zona donde 74,2 por ciento de la población es pobre.
"La actividad minera se hace matando vidas, destruyendo la biodiversidad
y provocando pobreza. Esto tiene que parar", declaró Palacín.
Según este dirigente, la minería ni siquiera genera cantidades importantes
de empleos. Apenas 70 mil personas trabajan en las mineras peruanas.
De ellas, 60 mil lo hacen en condiciones precarias, pues no pertenecen
a sindicatos, afirmó.
En Chile, unos dos mil trabajadores de Escondida, el mayor yacimiento
de cobre del mundo, realizaron una huelga de tres semanas reclamando
aumentos salariales. El conflicto se resolvió el 31 de agosto tras
un acuerdo entre las partes para aumentar las remuneraciones en
cinco por ciento.
Gran parte de los trabajadores mineros chilenos está sindicalizada.
Pero eso no sucede en otros países, como Perú o los centroamericanos,
donde la mayoría trabaja independientemente o para empresas de servicios.
Y la tendencia regional, incluyendo a Chile, “es el aumento de los
obreros no sindicalizados, pues las mineras asumen la tercerización
como parte de su control de costos, evitando las cargas por prestaciones
sociales", explicó Chaparro, de la Cepal.
En la estatal Corporación Nacional del Cobre (Codelco) hay tres
trabajadores subcontratados por cada obrero sindicalizado, mientras
que en la minería privada al menos la mitad es contratada, señaló
a Tierramérica Moisés Labraña, presidente de la Confederación Minera
de Chile, que agrupa a seis mil 500 trabajadores.
En México, tras la muerte de 65 obreros en una mina de carbón en
abril, se descubrió que la mayoría de ellos no integraba la plana
laboral ni el sindicato nacional de ese sector. Eran trabajadores
externos que cobraban unos 60 dólares semanales por trabajar en
peligrosos socavones.
Luego del accidente, estalló en México un conflicto que aún persiste.
El gobierno del presidente Vicente Fox desconoce a la dirigencia
del sindicato nacional, apoyado por la mayoría de los obreros, y
acepta la validez de otro.
Algunos observadores creen que detrás de este conflicto --que dejó
dos obreros muertos-- hay negociaciones e intereses de empresas
y trabajadores por ajustar salarios y condiciones laborales.
La minería en México, que emplea de forma directa a 257 mil personas,
creció más de siete por ciento anual en 2004 y 2005, la tasa más
alta desde 1995.
Es una recuperación similar a la que se produce en el resto de América
Latina, pero se refleja poco en la minería pequeña y mediana, donde
persisten problemas sociales y ambientales, manifestó Chaparro.
En América Latina, más de nueve millones de personas dependen de
la minería artesanal, incluidos niños y mujeres. Es el sector más
vulnerable por las precarias condiciones de trabajo y la falta de
prestaciones.
En el mundo, unos 43 millones de personas trabajan en minería, y
es el sector que registra la más alta mortalidad laboral, señala
la OIT.
* Corresponsal de IPS. Con aporte de Daniela
Estrada (Chile).
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