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Boom de los biocombustibles dispara temores |
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Por Mario Osava *
Varios
países en la región buscan emular a Brasil en el uso del etanol
y el biodiesel. Pero ecologistas advierten sobre la grave deforestación
asociada a estas fuentes más limpias.
RÍO DE JANEIRO, 18 sep (Tierramérica).- Los
biocombustibles crecen en América Latina y alimentan sueños de abundancia
de países como Argentina y Colombia. Pero la experiencia de Brasil,
el pionero, plantea interrogantes sobre el potencial impacto ambiental
de esta fuente energética.
De la mano del etanol y el biodiesel, el presidente brasileño Luiz
Inácio Lula da Silva se propone convertir en una potencia energética
a su país, cuyo vuelo económico fue atajado en los años 70 por la
dependencia del petróleo importado y sus bruscas alzas de precios.
Sin embargo ecologistas advierten que aunque los biocombustibles
reducen los gases del efecto invernadero (causantes del cambio climático),
también pueden desatar una fuerte expansión de monocultivos, que
deforestan y destruyen la biodiversidad.
Solitario durante tres décadas en el uso masivo del etanol, o alcohol
etílico, para sustituir parte de la gasolina, Brasil desarrolló
tecnologías y una economía cañera que le aseguran una competitividad
absoluta en la exportación del insumo, aún limitada por barreras
proteccionistas y un mercado internacional titubeante. Y pretende
disputar el mercado de biodiesel, donde no tiene la misma calidad
de pionero.
Otros países de la región quieren emular la estrategia brasileña.
Colombia y Argentina se destacan por fortalecer legislaciones para
el fomento de los biocombustibles.
Una ley aprobada en 2001 estipula que la gasolina colombiana deberá
tener 10 por ciento de etanol en 2009 y deberá alcanzar gradualmente
25 por ciento en 15 a 20 años. Una legislación similar se prepara
para el biodiesel, con base en la palma africana, de la que ya se
producen 600 mil toneladas anuales de aceite con fines alimentarios.
“Colombia puede ser el tercero en producción de biocombustibles,
superada sólo por Estados Unidos y Brasil, si le resulta favorable
la producción de aceite de palma para el biodiesel”, dijo a Tierramérica
David Cala, director de la Corporación para el Desarrollo Industrial
de la Biotecnología (Corpodib), que reúne a universidades, empresas
y centros tecnológicos.
Las exportaciones podrían llegar a 10 millones de litros diarios
de alcohol de caña y remolacha y tres millones de toneladas anuales
de biodiesel, entre dos y tres veces el consumo interno, dentro
de 15 o 20 años, estimó Cala.
En Argentina, la Ley de Biocombustibles, aprobada en abril, impone
cinco por ciento de biodiesel y de etanol en los derivados petroleros
a partir de enero de 2010.
"Ese mínimo obligatorio, que puede ser más", exige 600 mil toneladas
anuales de biodiesel y 160 mil de etanol para el mercado interno,
que absorberían sólo ocho y tres por ciento de la actual producción
nacional de soja y maíz, respectivamente, señaló a Tierramérica
Miguel Almada, economista del Programa Nacional de Biocombustibles.
Pero además "se está desarrollando una industria de exportación
de etanol y biodiesel de alrededor de dos millones de toneladas
por año", acotó.
Estos pronósticos económicos optimistas deben sin embargo tomar
en cuenta la variable ambiental. Y la experiencia brasileña puede
aportar algunas lecciones.
“Preocupa que un nuevo ciclo económico basado en biocombustibles
desate la expansión de monocultivos y su consecuente deforestación”,
dijo a Tierramérica Délcio Rodrigues, experto en energía de Vitae
Civilis, organización no gubernamental brasileña muy activa en el
control del cambio climático.
La economía cañera no es un buen ejemplo ambiental. En el sudoriental
estado de Sao Paulo, que produce 70 por ciento del alcohol brasileño,
las empresas en general no respetan el Código Forestal, que exige
preservar la naturaleza en 20 por ciento de las propiedades rurales.
Además la industria incendia los cañaverales para facilitar la cosecha,
lo que provoca una grave contaminación del aire local, observó Rodrigues.
Y la soja, la principal materia prima del biodiesel por su gran
producción actual, “ya se convirtió en uno de los principales factores
de la deforestación amazónica y del Cerrado, bioma de sabanas y
bosques bajos que ocupa la extensa área central de Brasil", según
el experto.
El biodiesel empezó a adicionarse al diesel petrolero en Brasil
en una proporción de dos por ciento, y se elevará a cinco por ciento
en 2013. Y el país también optó por el H-BIO, un proceso de hidroconversión
desarrollado por la estatal Petrobras, que añade hasta 18 por ciento
de cualquier aceite vegetal o animal en la propia refinación del
petróleo para producir el diesel.
Petrobras ya adaptó tres de sus refinerías y pretende empezar su
producción en diciembre, buscando ahorrar la importación de 256
millones de litros de diesel el próximo año y mil millones a partir
de 2010. El aceite de soja será el principal insumo. El H-BIO no
afectará al biodiesel porque son complementarios, aseguran las autoridades
energéticas.
Se prevé un consumo de 840 millones de litros de biodiesel en 2007,
con la mezcla de dos por ciento. El programa fue diseñado para favorecer
la agricultura familiar en la producción de ricino, palma y otras
fuentes de aceite vegetal, con exenciones de impuestos especialmente
en las regiones más pobres de Brasil, la nordeste y la norte.
Sin embargo el plan involucra a los pequeños agricultores sólo como
simples proveedores de oleaginosas, sin incluirlos en el proceso
agroindustrial, en cooperativas que produzcan por lo menos el aceite,
criticó Rodrigues. Petrobras debe asumir su “responsabilidad social",
mientras la presión de importadores europeos en favor de patrones
ambientales podría evitar mayores daños, señaló.
Por lo pronto, estudios hechos por los ministerios de Agricultura
y Ambiente identificaron, en los estados brasileños que ya cuentan
con infraestructura para producción de alcohol, 15 millones de hectáreas
de zonas degradadas propicias para la expansión agrícola, informó
a Tierramérica Vania Araújo, del Ministerio de Medio Ambiente.
Así, se podrán triplicar las seis millones de hectáreas hoy ocupadas
por la caña de azúcar, teóricamente sin invadir áreas conservadas,
pero eso exige articular un buen sistema de control con los gobiernos
estatales, ya que la autoridad ambiental es descentralizada, advirtió
la funcionaria.
* Con aportes de Marcela Valente (Argentina)
y Yadira Ferrer (Colombia). |