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Arrecia conflicto por sobrepoblación de elefantes |
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Por Kudzanayi Shumba*
Comunidades
locales participan en el manejo de paquidermos en Zimbabwe. Pero
las autoridades no descartan retomar la práctica del sacrificio,
abandonada hace 17 años.
HARARE, 9 oct (IPS/IFEJ).- Precious Nyoni,
un hombre de 35 años residente en el sudoccidental distrito zimbabwense
de Gokwe, examina su jardín. Los tallos de las verduras y la caña
de azúcar están aplastados y por todos lados hay cultivos a medio
comer. Este era su único medio de vida y una noche desapareció.
"La lucha por la liberación (de Zimbabwe) terminó en 1980. Pero
ahora tenemos otra guerra con los elefantes. No se nos permite matarlos,
así que solamente los asustamos, pero no sé dónde voy a obtener
comida para sobrevivir cuando todo haya sido pisoteado por estas
criaturas", dijo.
"Los elefantes son demasiados, y creo que deberían ser reducidos
mediante el sacrificio. Hace poco destruyeron 50 hectáreas de cultivo
de maíz que pertenecían a algunos aldeanos. Eso significa que todos
nosotros necesitamos asistencia alimentaria incluso antes de cosechar",
explicó, luciendo tan devastado como su jardín.
Unos 600 kilómetros al norte de Gokwe, en las tierras comunales
de Omay, en el distrito de Nyaminyami, los agricultores bajan de
un destartalado atalaya construido en lo alto de un árbol. Han trabajado
en turnos durante la noche, protegiendo sus tierras de las manadas
de elefantes.
Los países de África austral están sumidos en una crisis de manejo
de elefantes y de degradación ecológica que demanda una acción urgente.
En los años 70 y 80, el comercio de marfil diezmó a los elefantes
en África. Pero luego que la Convención sobre Comercio Internacional
de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites) prohibió
este intercambio en 1989, las poblaciones de paquidermos comenzaron
a recuperarse y ahora compiten con los humanos por alimentos y tierras.
Se estima que 600 mil elefantes deambulan por el continente africano.
Hay poblaciones fragmentadas en 37 de sus estados. Solamente Zimbabwe
alberga un sexto de la población total, casi la mitad de estos hacinados
en el santuario más famoso del país, el Parque Nacional Hwange.
Los gobiernos africanos creen que un comercio legal y controlado
de marfil podría acarrear sustanciales beneficios económicos sin
poner en peligro la conservación de las especies o una mayor pérdida
de biodiversidad.
Eso podría incluir reducir a la mitad la población de elefantes
para llevarlos a niveles manejables, reubicándolos o exportando
animales vivos a países que los necesitan, lo que está aprobado
por la Cites. También está sobre la mesa el controvertido método
de sacrificio prohibido por la Cites, cuya reanudación sería bien
vista por Zimbabwe, tras un intervalo de 17 años.
África está dividida en torno al sacrificio de elefantes. Kenia,
junto con algunos estados del occidente africano, se opone fuertemente
a retomar el negocio del marfil, que creen servirá de fachada al
comercio ilegal derivado de la caza.
Namibia, Botswana y Sudáfrica son parte del grupo de presión pro-sacrificios.
Quieren poder comerciar sus significativas existencias de marfil
para financiar los trabajos de conservación.
A esos tres países la CITES les negó el 5 de octubre permiso para
ventas excepcionales de 60 toneladas de colmillos de elefante que
permanecen almacenadas desde 2002, decisión que será revisada previo
a la décimo cuarta Conferencia de las Partes (COP 14), que se realizará
en La Haya del 3 al 15 de junio de 2007.
En la última conferencia de las partes de la Cites en Tailandia
en 2004, se rechazó una propuesta de Kenia para una moratoria de
seis años al comercio de marfil, pero también se rechazó otra de
Namibia que buscaba establecer una cuota anual de exportación de
dos toneladas de colmillos de elefantes.
Finalmente, se otorgó permiso para comerciar productos derivados
de la piel y el pelo, así como intercambio no comercial de marfil
procesado, siempre que esté acompañado por un certificado de exportación
válido. Sudáfrica también obtuvo permiso para comerciar piel de
elefante.
Tapera Chimuti, director de operaciones de la Autoridad de Manejo
de Parques y Naturaleza de Zimbabwe, dijo que era improbable que
el país solicitara aprobación para vender marfil en la COP 14.
"Si hoy pidiéramos aprobación para comerciar marfil, el mundo entero
estaría contra nosotros por razones políticas, aunque implementamos
las mejores prácticas de manejo de la naturaleza en casi todo el
continente", declaró Chimuti en entrevista.
Por lo pronto, las autoridades de Zimbabwe apuestan a la participación
de las comunidades locales en los esfuerzos de conservación de elefantes,
a través del Programa Comunitario de Administración de Áreas para
los Recursos Indígenas (Campfire, son sus siglas en inglés).
Con sede en Harare, Campfire inició en 1982, tras una enmienda de
la Ley de Parques y Naturaleza (1975), que concedió estatus de autoridad
apropiada (AA) a los popularmente electos consejos de distritos
rurales, para que estos pudieran manejar y beneficiarse de la utilización
sostenible de la fauna silvestre.
“Campfire logró reducir los conflictos entre las personas y las
especies animales, y creó oportunidades para el desarrollo económico
sustentable en las áreas rurales de Zimbabwe”, dijo Charles Jonga,
director del programa, en el que participan 57 de los 59 distritos
rurales.
"El impacto de Campfire en los ingresos nacionales es de por lo
menos 10 millones de dólares anuales. Si se incluye el multiplicador
de las actividades turísticas, el programa aporta entre 20 y 25
millones de dólares a la economía de Zimbabwe cada año", calculó
Jonga en un informe difundido el 26 de septiembre.
Jockoniah Nare, presidente de Campfire quien vive en Beitbridge,
casi 500 kilómetros al sur de Harare, señaló en entrevista que cuanto
más se beneficia una comunidad más se interesa e invierte en la
fauna silvestre, aunque reconoció que “los costos sociales de convivir
con las especies animales son particularmente altos”.
Estos incluyen el daño de cultivos, la amenaza a humanos y ganado,
y la pérdida de tierra reservada para esos animales, que de otro
modo podría emplearse para cultivar, entre otros usos.
Los elefantes son responsables de hasta 75 por ciento de todos los
daños a cultivos causados por animales salvajes en áreas comunales,
con entre 30 y 45 casos reportados por distrito cada temporada.
La mayoría de las comunidades rurales están cerca de ríos, y esto
crea una competencia por el agua entre humanos y animales.
Las comunidades locales han vivido junto con elefantes durante siglos.
Pero en las últimas tres décadas grandes cantidades de migrantes
llegaron a la zona, atraídos por las buenas condiciones agrícolas,
y capturaron territorios que son parte de corredores de elefantes
establecidos, además de estar alrededor de fuentes de agua.
A las comunidades afectadas el gobierno no les paga ninguna compensación.
Sin embargo, los consejos de distritos rurales en el marco de Campfire
han reservado fondos para indemnizar por la pérdida de propiedades,
cultivos e incluso muertes.
* Este artículo es parte de una serie sobre
desarrollo sustentable producida en conjunto por IPS (Inter Press
Service) e IFEJ (siglas en inglés de Federación Internacional de
Periodistas Ambientales). |