Grandes Plumas
PNUMAPNUD
Edición Impresa
MEDIOAMBIENTE Y DESARROLLO
 
Inter Press Service
Buscar Archivo de ejemplares Audio
 
  Home Page
  Ejemplar actual
  Reportajes
  Análisis
  Acentos
  Ecobreves
  Libros
  Galería
  Ediciones especiales
  Gente de Tierramérica
                Grandes
              Plumas
   Diálogos
 
Protocolo de Kyoto
 
Especial de Mesoamérica
 
Especial de Agua de Tierramérica
  ¿Quiénes somos?
 
Galería de fotos
  Inter Press Service
Principal fuente de información
sobre temas globales de seguridad humana
  PNUD
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
  PNUMA
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
 
Grandes Plumas


Un juego por la vida

Por Achim Steiner e Yvo de Boer *

Gobiernos del mundo discutirán en noviembre en Kenya nuevas formas de ayudar al Sur a adaptarse al cambio climático.

NAIROBI, 23 oct (Tierramérica).- Niños de uno de los ríos más torrentosos de África del Sur , el Limpopo, están usando un nuevo juego de mesa para, literalmente, salvar sus vidas. Introducido en lugares como Matabeland en Zimbawe y la Provincia de Gaza en Mozambique, el juego de la ribera Limpopo busca enseñar formas de reducir la vulnerabilidad a las inundaciones.

Si un contador de puntos aterriza en un lugar del juego que muestre una aldea bien diseñada, a prueba de inundaciones – o una que aconseje a los niños cambiarse ellos mismos y a su ganado a tierras más altas- se adelanta algunos cuantos espacios, pero si aterriza en uno que pinte un bosque diezmado, degradación de la tierra u otros factores que aumenten la vulnerabilidad, se deberá retroceder seis.

El juego –parte de un proyecto más grande financiado por el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF, por sus siglas en inglés), y lanzado después de las inundaciones de Limpopo hace seis años, subraya de manera simple, pero aguda, los retos que encaran los países en desarrollo a medida que intentan adaptarse a eventos de clima extremo ligados al cambio climático.

A principios de noviembre, tendrá lugar en Nairobi, Kenia, la próxima ronda de conversaciones sobre el tema bajo la Convención de las Naciones Unidas para el Cambio Climático y su Protocolo de Kyoto.

El tratado, adoptado en 1997, estableció metas para reducir las emisiones de gases efecto invernadero en los países industrializados a un 5 por ciento por debajo del nivel de 1990 en el periodo 2008-2012. Y creó un marco de incentivos para la transición a una economía baja en carbón, dirigiendo las decisiones de inversión de los negocios hacia las opciones amigables con el clima.

El protocolo se conecta con el mundo desarrollado: está en marcha el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), que permite a los países industrializados invertir en proyectos de desarrollo sustentable en el Sur para ganar créditos por emisión.

Para 2012 se espera que las reducciones certificadas de emisiones logradas a través del MDL alcancen por lo menos 1.2 mil millones de toneladas, superando las emisiones combinadas de España y del Reino Unido.

Los países industrializados como grupo están en camino de cumplir sus compromisos de Kyoto, a condición de que realicen un esfuerzo más extensivo en el ámbito doméstico, y de que hagan uso activo de los mecanismos de mercado señalados en el protocolo. Pero está claro que a largo plazo se requerirán reducciones de emisiones más profundas.

De cualquier manera, la polución pasada de los países industrializados nos ha garantizado ya algún cambio climático: después de todo, el dióxido de carbono puede persistir en la atmósfera por hasta 200 años; por lo tanto, la comunidad global debe ayudar a los países en desarrollo a adaptarse a las condiciones presentes.

Los países menos desarrollados han preparado -o están preparando- programas nacionales de adaptación. Tómese el caso de Malawi, en donde casi cada faceta de la vida necesitará alguna medida de “prueba climática”. Las sequías y las inundaciones se han incrementado en intensidad, frecuencia y magnitud a lo largo de unas pocas décadas.

Las inundaciones destruyeron los estanques de peces hace seis años, mientras que una sequía en la mitad de los noventa provocó una pérdida total en la existencia de peces en el Lago Chilwa. El programa nacional de adaptación de Malawi propone una restitución de la existencia de peces, ayuda en la crianza de éstos, y un mejor entendimiento de cómo las temperaturas desorganizan la reproducción de especies clave.

Se empiezan a acumular fondos para la adaptación como resultado de las inversiones en el MDL y donaciones voluntarias a un fondo especial. De cualquier manera, estos recursos deben aumentarse para tener resultados mensurables en los países más pobres del mundo.

Los científicos estiman que se requerirá una reducción del 60 al 80 por ciento en los gases efecto invernadero para estabilizar la atmósfera. Debemos mantener nuestra visión firme en este objetivo. De otra forma, ricos y pobres tendrán cada vez más presión para adaptarse y menos lugares donde hacerlo. Terminarán jugando ellos mismos sus propias versiones del juego del Río Limpopo y al igual que los niños en sus riberas, estarán jugando por sus vidas mismas.

* Steiner es director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y De Boer es secretario ejecutivo de Convención de las Naciones unidas para el Cambio Climático.


Copyright © 2007 Tierramérica. Todos los Derechos Reservados