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INDÍGENAS-ARGENTINA: Silenciosa extinción
de los mbya guaraníes |
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por Marcela Valente
BUENOS AIRES, nov (IPS) - Los funcionarios
no entienden qué pasa y corren detrás de los hechos.
Niñas y niños mbya guaraníes, originarios de
la selva subtropical de la nororiental provincia argentina de Misiones,
están muriendo por causas evitables, y no hay dinero, medicinas
ni alimentos que frenen la catástrofe.
En los últimos dos meses, 21 niños mbya murieron por
problemas respiratorios o por desnutrición, y hay otros 13
hospitalizados. La cantidad es grande si se la compara con la población
de esta etnia, 4.083 personas, según el Instituto Nacional
de Estadísticas y Censos (Indec), o poco más de 3.000,
según registros privados.
Indígenas y ambientalistas sostienen que la madre de esta
crisis demográfica es la deforestación, que avanza sobre
tierras de los mbya guaraníes y arrasa con su sustento. Para
este pueblo, la tala significa además la pérdida de
una "farmacia natural" en la que identifican 150 plantas
medicinales.
En Misiones, hay una intensa actividad de empresas madereras e industrias
papeleras. Además, los cultivos de tabaco y de yerba mate se
expanden a expensas de la selva, situada a 1.300 kilómetros
de Buenos Aires, en el extremo nororiental que limita con Brasil.
Datos provisionales de la Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas
--relevada por el Indec en 2004 y 2005-- y difundidos en septiembre
señalan 450.000 personas pertenecientes o descendientes en
primera generación de 25 grupos aborígenes en este país
de casi 39 millones de habitantes. Estimaciones independientes anteriores
hablaban de más de un millón.
Funcionarios nacionales y provinciales se manifiestan preocupados
por la mortalidad infantil de los mbya guaraníes, pero evitan
vincularla al empobrecimiento o pérdida del hábitat.
"Pueden ser más los decesos, pero 21 es el número
registrado en dos meses", confirmó a IPS la jefa del Departamento
Social de la Dirección de Asuntos Guaraníes de Misiones,
Claudia Martínez. "Siempre hubo muertes, pero esto nos
descolocó porque está ocurriendo en zonas marginales
(urbanas), en la selva, en distintos lados", dijo.
El único caso difundido por medios de comunicación
de todo el país fue el de Julián Acuña, de dos
años, que padecía una enfermedad grave. Sus familiares,
confiados en la sabiduría de los jefes espirituales, se negaban
a someterlo a una operación de corazón para extirpar
un tumor congénito.
El guía espiritual mbya, un anciano de 105 años, había
dado un diagnóstico categórico sobre el niño:
"Tiene piedritas en el corazón y su corazón se
extingue". Eso fue lo que ocurrió luego de un año
de internaciones y una operación quirúrgica.
Mediante intervención de la justicia, el niño fue operado
en 2005 en un hospital de Buenos Aires, y dado de alta este año.
En junio falleció en la selva. La misma tarde murió
su hermano Agustín, de dos meses, presuntamente por neumonía.
Sus padres los enterraron juntos y Martínez fue hasta el lugar
sólo para consolarlos.
Los mbya pertenecen a la gran nación guaraní, que ocupó
hasta la conquista europea amplios territorios sudamericanos hoy correspondientes
a Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay. La funcionaria teme
que desaparezca este pueblo, que supo tener 100.000 miembros en el
siglo XV.
Se trata de comunidades con una expectativa de vida de 40 años
en las que la mayor cantidad de muertos son de niños. "Perdieron
su autoestima y hoy casi no tienen perspectiva de futuro", describió
Martínez.
En el Ministerio de Salud de la Nación funciona un Programa
de Salud Indígena que al comenzar el año duplicó
los fondos para Misiones. Desde la Dirección de Asuntos Guaraníes
se otorgan predios, herramientas, bolsas de alimentos, se capacita
a los indígenas en agricultura, ganadería y producción
artesanal como cestería, pero todo parece en vano.
La Cámara de Diputados nacional pidió a la cartera
que informara de las causas de la cadena de decesos de mbya guaraníes
en casi todas las aldeas y "el desmejoramiento general de la
salud" de este pueblo, ya que también fueron detectados
casos de adultos hospitalizados con síntomas de tuberculosis.
Martínez considera difícil la tarea de "insertar"
en la sociedad de consumo a los indígenas expulsados de sus
territorios.
"Parece que hubieran copiado nuestros peores vicios, se acostumbraron
a vivir del asistencialismo, y muchos caen en el alcoholismo y la
mendicidad. No quieren plantar", subrayó. "Algunos
emigran a Brasil o a Paraguay, pero muchos mueren", definió
la funcionaria.
El cacique Alejandro Méndez, de la comunidad mbya de Yraká
Mirí, tiene otra explicación de la declinación
demográfica y el desgano vital de su pueblo. Sus abuelos y
sus padres vivían de la selva. Pero "con el desmonte,
ya no se encuentran las carnes ni las frutas que nos mantenían
sanos", dijo a IPS.
Donde vive Méndez junto a otras 36 personas aún queda
selva, pero hay pocos animales. Tradicionalmente, allí se cazaban
jabalíes, cuatíes, venados y peces pacúes, pero
la motosierra asusta a la fauna. "Al perder selva, perdemos también
nuestros remedios (medicamentos) y estamos obligados a recurrir al
hospital, que no siempre queda cerca", explicó.
Méndez asegura que en su mundo, los guías espirituales
diagnostican los males y recetan las medicinas. "Siempre tuvimos
enfermedades, pero ahora también hay algunas desconocidas para
nosotros", y la "ayuda" de afuera a veces empeora el
panorama. "Este año nos mandaron leches vencidas",
aseveró.
Para la no gubernamental Fundación para la Defensa del Ambiente
(Funam), la agonía de este pueblo es un "genocidio encubierto",
según explicó a IPS el biólogo Raúl Montenegro,
director de la organización y galardonado en 2004 con el premio
conocido como Nobel Alternativo (Right Livelihood Award), otorgado
por el parlamento sueco.
Ese año, la Funam había denunciado que en la reserva
de biosfera Yabotí, en el este de Misiones, la empresa Moconá
Forestal había cortado 120 árboles de uso común
de los mbya, con permiso del Ministerio de Ecología provincial.
"La mayor cantidad de enfermedades y muertes que se produzcan
por falta de árboles medicinales será responsabilidad
de Moconá y del Ministerio. Hicieron algo irreparable, no les
importa poner en peligro la vida de niños y adultos",
dijo entonces Montenegro.
En 2004, decenas de caciques, junto a la Funam y al católico
Equipo Nacional de Pastoral Aborigen organizaron una protesta de varios
meses. Tras denunciar por genocidio al gobernador Carlos Rovira y
a sus funcionarios --incluyendo al titular de la Dirección
de Asuntos Guaraníes-- consiguieron frenar los desmontes.
En ocho meses habían muerto 10 niños mbya y el asunto
ya era un escándalo.
"No necesitan amenazarnos para que dejemos la selva. Saben que
si nos sacan el monte nos vamos, y eso es lo que están haciendo",
señalaba entonces Artemio Benítez, uno de los caciques
que condujeron las protestas. En la reserva Yabotí, el desastre
se frenó apenas, pero saltó otro conflicto en una zona
cercana.
Comunidades mbya están en litigio con la Universidad Nacional
de La Plata, que recibió en 1995 una donación de tierras
de la compañía Celulosa Argentina en la selva misionera.
Son 6.500 hectáreas donde viven indígenas mbya. La casa
de estudios, que utiliza la zona como laboratorio, les ofrece 700
hectáreas para asentarse.
"No entienden que el modo de vida semi-nómade de los
mbya, su cadena alimentaria, que es larga y compleja, requiere de
territorios más vastos", explicó Montenegro. Gran
parte de las tierras son para uso común, para la caza, la recolección,
la pesca, la obtención de agua y de medicinas.
"La mayor parte de las tragedias de los mbya ocurren porque
los blancos les quitaron sus territorios y con ellos los recursos
que tenían", ha dicho Montenegro, quien publicó
en junio de este año en la revista médica británica
The Lancet un informe sobre salud indígena en América
Latina junto a la experta Carolyn Stephens, de la Universidad de Londres.
Montenegro precisó que este pueblo utiliza 240 especies de
plantas, de las cuales 150 tienen propiedades medicinales, 61 se usan
como combustible, 54 para fabricar objetos y viviendas y 35 como alimento.
Los mbya guaraníes distinguen además 229 especies de
aves, según un estudio de la Universidad Nacional de Misiones.
"Sólo una cultura muy antigua y con un largo proceso
de convivencia con la selva puede tener un conocimiento tan acabado
y minucioso de la biodiversidad circundante y sus propiedades benéficas
para la supervivencia", destacó Montenegro en su trabajo
para The Lancet.
En opinión del biólogo, se trata de una población
muy condicionada a las variaciones ambientales. "Funcionan casi
como una especie más de la selva", y el avance de las
motosierras los deja en riesgo de extinción. "Perdieron
su ambiente y colapsó su sistema de salud", señaló.
"Obligados a abandonar sus territorios y hacinados en los barrios
más miserables de las ciudades, no tienen acceso a sus medicinas",
afirmó Montenegro.(FIN/2006)
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