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Cisternas de lluvia contra la sequía |
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Por Mario Osava*
Está
en marcha la construcción de un millón de cisternas en el Nordeste
brasileño, una de las zonas más vulnerables al calentamiento global.
RÍO DE JANEIRO, 11 Dic (IPS/IFEJ).- La empobrecida
población del Nordeste brasileño, una de las regiones más vulnerables
al calentamiento global, ya se prepara para aprender a convivir
con la sequía, a través de diversos proyectos como la construcción
de un millón de cisternas de agua de lluvia.
La extensa región podría experimentar un incremento de 4,5 grados
en su temperatura promedio hasta fines del siglo, en el peor escenario,
de acuerdo con el Centro de Previsión del Tiempo y Estudios Climáticos
(CPTEC).
Los científicos advierten que el calentamiento global acelerará
la desertificación en la zona, aumentando la pobreza y la emigración.
Según datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística,
48,8 por ciento de la población del Nordeste es pobre, lo que representa
casi el triple de la del Sureste (17 por ciento en promedio) y de
la del Sur (18,3).
La región conocida como el Semiárido, en el interior, “es la más
vulnerable al cambio climático, con una parte tendiendo a convertirse
en árida”, dijo José Antonio Marengo, investigador del CPTEC.
El Semiárido se extiende por un millón 85 mil kilómetros cuadrados
del Nordeste y la parte Norte del sudoriental estado de Minas Gerais.
Eso corresponde a 13 por ciento del territorio nacional, donde viven
29 millones de personas.
El también llamado "Polígono de las Sequías" concentra la atención
del Programa Nacional de Acción de Combate a la Desertificación
y Mitigación de los Efectos de la Sequía (PAN), que recién se pone
en marcha, cumpliendo con la Convención de Naciones Unidas sobre
el tema (1996).
El PAN será "un instrumento para evitar la catástrofe", aseguró
su coordinador en el Ministerio de Medio Ambiente, José Roberto
de Lima.
El programa cambia la forma tradicional de actuar en el Semiárido,
al integrar esfuerzos de varios órganos gubernamentales, con participación
activa de la sociedad y "generando sinergias" entre acciones de
los ministerios de Ambiente, Integración y Agricultura y de organizaciones
no gubernamentales, destacó el funcionario.
Una orientación que se afirmó en los últimos años es buscar convivir
con las sequías, en lugar de hacer obras como represas, que se revelaron
ineficientes para suministrar agua a la población.
La construcción de un millón de cisternas de lluvia es uno de los
proyectos en marcha, impulsado por la Articulación del Semiárido
(ASA), una red de 750 organizaciones no gubernamentales, sindicatos
e instituciones comunitarias y religiosas.
"Nos acercamos a las 200 mil cisternas construidas junto con la
población”, dijo Paulo Pedro de Carvalho, agrónomo y coordinador
de programas del no gubernamental Centro Caatinga, en el nororiental
estado de Pernambuco. Caatinga es el nombre de la vegetación local,
de arbustos sinuosos y resistentes a la sequía.
Con este proyecto, destinado a asegurar a la población rural agua
para beber y cocinar, Carvalho espera que se alcance la meta de
un millón de cisternas en los próximos cinco años.
Además, ASA trata de diseminar, con métodos participativos y educacionales,
otras tecnologías para asegurar la pequeña producción agrícola,
como pequeñas presas subterráneas y otras formas de almacenar agua
evitando la evaporación.
“La evaporación es un gran factor de escasez de agua en la zona.
Las grandes represas pierden gran parte del agua”, observó Carvalho.
Hace décadas, sucesivos planes de desarrollo, agrícolas, industriales,
asistenciales, forestales e hídricos intentaron reducir la pobreza
del Semiárido nororiental. El nuevo enfoque, de convivir con el
clima y preservar el ecosistema, tiene ahora que responder también
a la urgencia impuesta por la amenaza del calentamiento planetario.
Las previsiones meteorológicas presentan, sin embargo, alto grado
de incertidumbre.
Algunos expertos, como Mario de Miranda Leitao, doctor en meteorología
e investigador de los efectos del clima en la agricultura, señalan
aspectos “benéficos” del calentamiento global, ya que el calor podría
incrementar la evaporación oceánica y revertir la desertización.
“El aumento de la evaporación acentuaría la formación de nubes y
las consecuentes lluvias en muchas partes del mundo, entre ellas
el Semiárido brasileño, cercano al océano Atlántico”, apuntó Miranda
como hipótesis al ser entrevistado, sin descartar "consecuencias
graves" del efecto invernadero en todo el planeta.
Pero para Marengo del CPTEC, de ocurrir ese fenómeno, “serían lluvias
intensas y pasajeras, insuficientes para llenar los depósitos y
que se evaporarían rápidamente con el calor intenso y el aire más
seco”.
El debate científico continúa, pero por lo pronto hay consenso en
torno a la urgencia de “crear una estructura de convivencia con
la sequía”.
“Se requiere especialmente almacenar agua de forma adecuada al clima
semiárido, incluso para evitar problemas sociales que afectan todo
el país, ya que la migración desde el Semiárido hincha las grandes
ciudades brasileñas, agravando sus desequilibrios y conflictos”,
destacó Miranda.
* Este artículo es parte de una serie sobre
desarrollo sustentable producida en conjunto por IPS (Inter Press
Service) e IFEJ (siglas en inglés de Federación Internacional de
Periodistas Ambientales). |