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Zarpan voraces barcos balleneros |
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Por Stephen Leahy*
Cazadores
japoneses darán muerte a casi mil cetáceos, algunos en peligro de
extinción, en el océano Antártico. Activistas intentarán parar sus
naves, por mar y por aire.
TORONTO, Dic 25 (Tierramérica).- La flota de
caza de ballenas de Japón llegó al océano Antártico, mientras activistas
contrarios a esta práctica prometen hundir cualquier nave que intente
matar a estos mamíferos acuáticos.
"Lo que hacen los balleneros japoneses es ilegal según la Carta
Mundial de la Naturaleza de la Organización de las Naciones Unidas
(ONU)", dijo Paul Watson, fundador de la Sea Shepherd Conservation
Society (Sociedad de Conservación Pastor Marino).
"También es un asesinato", declaró a Tierramérica desde Melbourne,
Australia, donde está estacionado su buque Farley Mowat.
Watson dijo haber hundido 10 barcos de caza de ballenas en los últimos
20 años. En los próximos días, el Farley Mowat y otra nave de su
organización utilizarán un helicóptero y un avión ultraliviano para
ubicar buques japoneses e intentar impedir que maten ballenas.
La organización ambientalista Greenpeace también está enviando dos
barcos para documentar lo que ocurre y acosar a los balleneros.
Alegando que es con fines científicos que matarán 935 ballenas minke
(Balaenoptera acutorostrata) y 10 de aleta (Balaenoptera physalus)
--en riesgo de extinción--, los japoneses eludieron una prohibición
global de 1986 sobre la caza comercial de estos animales. Y también
ignoraron el hecho de que la mayor parte del océano Antártico fue
designado santuario internacional de ballenas.
Los científicos señalan que desde 1987 Japón usa sus supuestos fines
científicos como pretexto para continuar vendiendo y comiendo carne
de ballena. "Las naciones balleneras dicen estar matando con propósitos
científicos, pero a menudo los tamaños de las muestras de las especies
diezmadas son demasiado pequeños para responder preguntas científicas
serias", dijo a Tierramérica Bruce Mate, director del Programa de
Mamíferos Marinos de la Universidad Estatal de Oregon.
"Como todas las ballenas terminan yendo al mercado, muchos ven su
caza con fines científicos como un medio para mantener en funcionamiento
el negocio de la caza comercial durante la moratoria", aseguró Mate.
Irónicamente, el público japonés no está particularmente interesado
en comer carne de ballena, según Beatriz Bugeda, directora para
América Latina del Fondo Internacional para el Bienestar de los
Animales y su Hábitat.
“Este otoño boreal Islandia reanudó de modo limitado la caza comercial
de ballenas y tiene congeladores llenos de carne de estos animales
que ni siquiera los japoneses quieren”, dijo Bugeda a Tierramérica
desde Ciudad de México.
"No hay mercado para la carne de ballena. Las ballenas valen mucho
más vivas que muertas", aseguró.
El avistamiento de ballenas constituye una enorme industria en todo
el mundo, especialmente a lo largo de las costas del Pacífico de
América del Norte y América Latina.
Esa práctica crece "exponencialmente" en América Latina, según Bugeda.
Es una fuente muy importante de ingresos para muchas aldeas costeras
de México, Chile y otros países. A menudo es la única fuente de
ingresos donde la pesca ha decaído, señaló.
Varias especies de ballenas viven a lo largo de la costa del Pacífico
y lentamente van aumentando gracias a la prohibición de su caza
comercial.
Baja California, en México, es la principal área de cría de la ballena
gris del Pacífico (Eschrichtius robustus), que ahora cuenta con
unos 25 mil ejemplares. Su población histórica puede haber sido
por lo menos 10 veces mayor.
Nuevos métodos de análisis de ADN (ácido desoxirribonucleico) mostraron
que las ballenas eran muchas más de lo que se creía.
Steve Palumbi, de la Universidad de Stanford, en California, reveló
que las ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae) pueden haber
contabilizado 1,5 millones antes de su caza comercial, en vez de
los 100 mil que los expertos creían que existían. Hoy quedan unas
20 mil en el mundo.
Se cree que la ballena azul (Balaenoptera musculus), que mide unos
30 metros de largo y pesa 175 toneladas, es el animal más grande
que haya vivido sobre la Tierra. Otrora abundante en los océanos,
hoy quedan tal vez 12 mil ejemplares, 25 por ciento de las cuales
habitan a lo largo de la línea costera México-California.
"En una época los científicos pensaron que las azules eran tan pocas
que no serían capaces de encontrarse para reproducirse", dijo Mate,
experto en esa variedad.
Los registros muestran que entre 330 mil y 360 mil ballenas azules
fueron muertas en el océano Antártico solamente en el siglo XX.
Hoy podrían quedar allí mil de estos animales.
A esta escasez se debió la atención mundial que concitó la documentación
presentada en 2003 por Rodrigo Hucke-Gaete, de la Universidad Austral
de Chile, sobre un nuevo semillero de ballenas azules en el golfo
de Corcovado, cerca de la isla de Chiloé.
Unas 150 ballenas azules fueron vistas y se propuso un área marina
y costera protegida para la región. Proteger el hábitat crítico
es crucial para la recuperación de todas las ballenas, dijo Mate,
quien trabajó con Hucke-Gaete para clasificar ballenas azules en
el golfo de Corcovado.
La recuperación llevará muchas décadas, si no un siglo, para muchas
poblaciones de ballenas, agregó. Durante los próximos tres meses,
los balleneros japoneses perseguirán en el océano Antártico a las
pequeñas minke, de entre seis y siete toneladas.
Se desconoce la población real de esta variedad. Tal vez contabilicen
de 175 mil a 200 mil en la región. Japón se guía por datos de 1988
que sugieren 750 mil.
Este año se suma a la polémica nueva información sobre la inteligencia
de las ballenas.
Científicos del New York Consortium in Evolutionary Primatology
(Consorcio de Nueva York sobre primatología evolucionista) descubrieron
células fusiformes en los cerebros de ballenas grandes. Hasta ahora,
estas células, que se cree juegan un rol importante a la hora de
experimentar amor y otras emociones, solamente habían sido halladas
en los cerebros de humanos y de monos grandes. Y las ballenas poseen
el triple que los humanos.
"Pienso que ellas son más inteligentes que nosotros, ciertamente
en términos de su capacidad para vivir en armonía con su entorno",
opinó Watson.
Como ningún país actuará para impedir la matanza de ballenas, Watson
y sus voluntarios harán lo posible para protegerlas, incluyendo
atacar a sus cazadores.
"No saldremos a colgar carteles y tomar fotografías", ironizó.
* Corresponsal de IPS. |