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Agua limpia y sin sal en el nordeste de Brasil |
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Por Mario Osava *
Brasil
utiliza membranas semipermeables que eliminan tóxicos del agua en
la empobrecida región del nordeste. En dos años espera fabricar
la tecnología localmente.
RÍO DE JANEIRO, 29 Ene (Tierramérica).- Miles
de personas del semiárido nordeste de Brasil calman su sed gracias
a una tecnología poco usada en América Latina: las membranas de
ósmosis inversa, que permiten desalinizar y limpiar el agua. En
dos años más, el país podrá producirlas localmente.
Las membranas son una especie de pieles sintéticas muy delgadas
hechas de distintos materiales, generalmente polímeros de plástico.
El proceso se conoce como “ósmosis inversa” porque las membranas
(que son semipermeables) dejan pasar solamente el agua, dejando
atrás las impurezas.
“Las membranas son eficientes para mejorar la calidad del agua en
grandes ciudades, abastecidas por manantiales que reciben un cóctel
de contaminantes", señaló a Tierramérica Renato Ferreira, gerente
de proyectos de la Secretaría de Recursos Hídricos del Ministerio
de Medio Ambiente. "El sistema convencional de tratamiento del agua
no elimina metales pesados y agrotóxicos, pero las membranas sí”,
explicó.
Por ahora, las membranas son usadas para desalinizar aguas subterráneas
que abastecen a pequeñas comunidades del interior semiárido del
nordeste brasileño. Allí, varios órganos gubernamentales instalaron
unos dos mil equipos de desalinización en la década pasada, pero
la mayoría está desactivada u operando precariamente, por dimensiones
inadecuadas y falta de capacitación de sus operadores, observó Ferreira.
El Programa Agua Dulce, iniciado en 2004 bajo su coordinación, tiene
como primera meta recuperar los equipos y asegurarles mantenimiento,
involucrando a las comunidades en su gestión y formando técnicos.
Para eso se crearon grupos ejecutivos en cada uno de los nueve estados
contemplados, con la participación de alcaldías, autoridades de
distintos sectores y organizaciones no gubernamentales. Así se obtendrán
diagnósticos de los equipos a recuperar y nuevas necesidades, articulando
la acción de todos los interesados, para evitar las fallas anteriores.
En el nordeste, donde el agua escasea dramáticamente por las frecuentes
sequías, la subterránea es una alternativa, pero en general muy
salobre, debido al subsuelo rocoso. El agua de la gran mayoría de
los pozos tiene cerca de tres mil partes por millón de sal como
promedio, el triple del adecuado al consumo humano según la Organización
Mundial de la Salud, destacó Ferreira.
En toda la región semiárida hay unos 100 mil pozos perforados, pero
70 por ciento ya están secos o tienen agua demasiado salada. Sobran
unos 30 mil aprovechables que podrían producir un promedio de cuatro
mil litros diarios de agua desalinizada cada uno. Teóricamente,
el total sería suficiente para abastecer a los 23 millones de habitantes
locales.
Dimensionar bien cada equipo de desalinización es indispensable,
según la cantidad y la calidad del agua de cada pozo. Unos contienen
mucho hierro y necesitan un tratamiento químico previo para no dañar
las membranas. Otros, con más calcio o magnesio, exigen distintas
presiones para el filtraje y equipos con una cantidad específica
de membranas, que puede variar de tres a nueve, ejemplificó Ferreira.
Un equipo desalinizador sencillo, de tres membranas, cuesta cerca
de siete mil dólares. "No es mucho, considerando que abastece a
unas 800 personas”, opinó el experto..
Las membranas usadas en la desalinización son importadas, pero investigadores
de las Universidades Federales de Campina Grande (UFCG) y de Río
de Janeiro (UFRJ) desarrollan modelos para variadas finalidades,
buscando independencia tecnológica y reducción de costos.
“Dentro de dos años el Laboratorio de Referencia Nacional en Desalinización
de la UFCG tendrá una membrana capaz de sustituir a las importadas,
pero hasta que sea producida por la industria llevará muchos años
más”, dijo a Tierramérica Kepler Borges França, coordinador del
laboratorio que difunde esa tecnología en el nordeste.
El laboratorio usa cerámica como material para desarrollar sus membranas;
las importadas son de polímeros.
Según el Programa Agua Dulce, durante el proceso de desalinización,
apenas la mitad del agua sale limpia. La otra mitad queda con el
doble de concentración de sal e inicialmente era desechada, contaminando
el suelo.
Por eso, el Centro del Semiárido de la Empresa Brasileña de Investigación
Agropecuaria (Embrapa) desarrolló un sistema en que parte de esa
agua salada sirve al cultivo del pez tilapia rosa (Oreochromis sp).
Con el resto del líquido se irriga plantaciones de hierba-sal, que
absorbe la sal del suelo y es buen alimento para cabras y aves.
Aparte de la desalinización, las membranas tienen múltiples aplicaciones.
Una, lograda por la Coordinación de Posgrado de Ingeniería de la
UFRJ, es la separación de aromas, ya lograda en frutas tropicales
y café, hecho que mejorará el sabor de jugos y café soluble, ampliando
el liderazgo brasileño en esos productos.
“Las membranas permiten recuperar casi totalmente los aromas, que
por ejemplo en la naranja incluyen más de 200 componentes", señaló
a Tierramérica Cristiano Borges, profesor del posgrado.
Los aromas se separan por "pervaporación" (evaporación selectiva
de los componentes), usando membranas, explicó Lourdes Cabral, del
Centro de Agroindustria de Alimentos de Embrapa, que participó en
el proyecto del café. Obtener la esencia natural es vital para la
industria del café soluble, que los consumidores brasileños rechazan
por perder el aroma y sabor del grano.
Pero hay también membranas que se usan en la producción de alcohol
por fermentación con gran reducción de costos, así como otras que
utiliza la industria petrolera para filtrar sustancias como los
sulfatos del agua marina, que se inyectan en los pozos para extraer
petróleo. La presencia de sulfatos puede dificultar o bloquear la
extracción.
* Corresponsal de IPS. |