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Autos alemanes derrapan en materia ambiental |
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Por Julio Godoy*
Los
fabricantes de automóviles de Alemania se resisten a adoptar estándares
ambientales estrictos y sus críticos llaman a comprar unidades japonesas.
BERLÍN, 12 Mar (Tierramérica).- La industria
automotriz alemana, que exportó 3,9 millones de unidades en 2006,
gran parte de eso a América Latina, enfrenta duras críticas por
su incapacidad de producir motores con bajas emisiones de dióxido
de carbono y su negativa a aceptar ambiciosos objetivos de protección
ambiental.
A principios de febrero, esta actitud del sector llevó a Renate
Künast, ministra federal de Ecología hasta 2005, a instar a sus
compatriotas a "comprar autos japoneses con motores híbridos, en
vez de autos alemanes que contaminan el ambiente".
Firmas japonesas producen y comercializan motores híbridos, que,
alimentados por baterías eléctricas, combustibles fósiles o biocarburantes,
redujeron considerablemente sus emisiones de dióxido de carbono.
Mientras, la industria alemana continúa produciendo motores tradicionales,
de gran consumo de combustible y con altas emisiones. El Porsche
Carrera, por ejemplo, emite 300 gramos de dióxido de carbono por
kilómetro, contra un promedio nacional de 172.
Pero los compradores de esos vehículos en América Latina no deberían
preocuparse demasiado, pues las exportaciones alemanas incluyen
sólo unidades que cumplen con los estándares ambientales de la región,
dijeron a Tierramérica fuentes de la industria.
Empero, se reconoce que tales estándares son más laxos que los europeos.
Según la evaluación ambiental para 2006/2007 del Club Alemán del
Tráfico, la mayoría de los automóviles más limpios son japoneses.
En un listado de los 10 con menos emisiones de dióxido de carbono,
esa organización incluye cuatro modelos de Toyota, dos de Daihatsu
y uno de Honda. Apenas aparece uno alemán, el Volkswagen Polo Blue
Motion.
Aunque la Asociación de la Industria Automovilística Alemana (VDA,
por sus siglas en alemán) rechaza las críticas, parece que empieza
a cambiar. En la nueva feria del automóvil inaugurada el 6 de marzo
en Ginebra, los fabricantes alemanes presentaron una nueva gama
de vehículos de bajo consumo y con emisiones de dióxido de carbono
por debajo de los criterios europeos.
En enero, la Comisión Europea (CE) propuso que los nuevos autos
producidos en 2012 emitan como máximo 120 gramos de dióxido de carbono
por kilómetro, a lo que se opuso el presidente de la VDA, Bernd
Gottschalk. El empresario argumentó que "una directiva rígida constituiría
una sanción contra los automóviles de categoría superior de la industria
alemana".
Gracias a la intervención directa de la jefa del gobierno alemán,
Angela Merkel, el criterio europeo fue modificado según los deseos
de la VDA. El valor máximo de las emisiones fue elevado a 130 gramos
por kilómetro y transformado en un valor promedio.
En una entrevista con Tierramérica, Jürgen Resch, presidente de
la organización ecologista Ayuda Alemana para el Ambiente, calificó
a Merkel como "cómplice de la VDA en el asesinato de la protección
del ambiente".
"Con su oposición a los objetivos de la CE, Angela Merkel dañó los
criterios ecológicos de la política europea de transporte y desacreditó
la política ambiental alemana", dijo Resch.
El Cuarto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental sobre
el Cambio Climático de la Organización de las Naciones Unidas, cuya
primera parte fue presentada el 2 de febrero en París, estableció
que las emisiones de dióxido de carbono son responsables del calentamiento
global y de los dramáticos fenómenos climáticos que conlleva.
El transporte es el segundo sector con más emisiones de dióxido
de carbono en Europa, después de la generación de energía. Según
un informe de la Unión Europea publicado en 2006, el transporte
representa 21 por ciento de las emisiones en los 15 países más industrializados
del bloque.
Además, el transporte es el sector industrial europeo cuyas emisiones
aumentaron más desde 1990 (26 por ciento), en contra de la tendencia
general del resto de los sectores, cuyas emisiones cayeron cinco
por ciento en el periodo. Sin nuevas medidas de protección ambiental,
las emisiones generadas por el transporte aumentarán 35 por ciento
hacia el año 2010, según el reporte.
La oposición alemana a objetivos vinculantes de reducción de emisiones
no es nueva. Ya en 1995, cuando la CE propuso disminuir las de autos
nuevos producidos en Europa a 120 gramos por kilómetro en 2005,
la VDA y el gobierno alemán de la época bloquearon la propuesta.
La VDA prometió reducir "voluntariamente" las emisiones de sus vehículos
nuevos a 140 gramos por kilómetro en 2008.
Doce años después, el valor actual promedio de las emisiones de
dióxido de carbono de autos alemanes nuevos todavía es de 172 gramos
por kilómetro. En enero de 2007, Angela Merkel reconoció que "la
industria alemana no podrá cumplir sus objetivos" enunciados en
1995.
Para Wolfgang Lohbeck, portavoz de la organización ambientalista
Greenpeace, "el gobierno federal alemán considera a sus ciudadanos
unos imbéciles. En vez de eso, debería obligar a la industria a
construir automóviles más limpios y a introducir límites obligatorios
de emisiones de dióxido de carbono válidos para 2012, de 100 gramos
por kilómetro".
La crítica contra la industria automotriz y el gobierno de Alemania
llueve desde las esferas políticas más altas del país. En una entrevista
con el semanario Die Zeit del 28 de febrero, el presidente federal
Horst Köhler dijo que "en la protección del ambiente, la industria
automotriz no ha escrito una página de gloria. (Y) el gobierno tampoco
ha tenido el coraje de establecer criterios ambiciosos".
Según el líder del Partido Verde, Reinhard Bütikofer, la crítica
es justificada. "La industria está ignorando nuevas tecnologías
y tendencias de consumo en el sector", dijo a Tierramérica. Así,
"los fabricantes alemanes dañan la política ambiental, la urgente
innovación tecnológica y a sí mismos".
* Corresponsal IPS. |