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Iraq no despierta de pesadilla ambiental |
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Por Stephen Leahy *
Al
cumplirse cuatro años de ocupación militar estadounidense en Iraq,
el balance ambiental es negro pese a decenas de miles de millones
de dólares gastados.
TORONTO, 19 mar (Tierramérica) Cuatro años
después de la invasión estadounidense a Iraq, y pese a los 22 mil
millones de dólares gastados en la reconstrucción, el país está
sumido en una desastrosa situación ambiental.
"Los ríos Tigris y Éufrates son alcantarillas abiertas", dijo a
Tierramérica el activista Azzam Alwash, presidente de la no gubernamental
Nature Iraq, con sede en Bagdad.
Desechos industriales, hospitalarios y agrícolas y derrames de petróleo
se vierten en esos dos enormes ríos que definen la región de la
Mesopotamia y suministran buena parte del agua de riego y que bebe
la población.
"Heredamos una terrible situación ambiental", se justificó la ministra
del Ambiente de Iraq, Narmin Othman, en entrevista con Tierramérica
desde la capital de su país.
El entorno natural iraquí fue devastado por las tres guerras que
libró el país desde 1980 y por el abandono y la mala administración
del régimen de Saddam Hussein (1979-2003). Entonces, "las leyes
ambientales daban risa. Las industrias estatales contaminaban a
voluntad", dijo Alwash.
Muchas de esas industrias producían material militar y fueron bombardeadas
y saqueadas, dejando el país lleno de zonas industriales muy tóxicas.
Otras áreas contaminadas corresponden a las industrias petrolera
y metalúrgica.
El actual conflicto --desatado a partir de la invasión militar liderada
por Estados Unidos el 20 de marzo de 2003 y que ha derivado en acciones
contra la ocupación y en violencia sectaria-- también deja montañas
de escombros de edificios, vehículos y equipamiento bélico destruidos
que hay que limpiar y depositar en algún sitio.
En 2005, un estudio del Ministerio de Ambiente de Iraq y del Programa
de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente identificó 50 puntos
críticos en el país y urgió a actuar inmediatamente para limpiar
los cinco peores.
Dos de los ellos han sido saneados, aseguró la ministra Othman.
Se trata de la planta metalúrgica de Al Quadissiya, atestada de
residuos tóxicos, bombardeada y saqueada, y de la abandonada fábrica
de pesticidas de Al Suwaira, cercana a Bagdad.
Se requieren por lo menos 40 millones de dólares para cumplir plenamente
con las recomendaciones de aquel informe.
"Hay que limpiar más de 500 plantas industriales estatales, cada
una de las cuales equivale a uno de los mil 240 sitios de desechos
peligrosos que tiene Estados Unidos en su territorio, llamados Superfunds
(por el programa federal homónimo para eliminarlos), en los que
se gastan miles de millones de dólares en limpieza", explicó Alwash.
Su cartera carece de fondos, equipamiento y personal entrenado,
dijo. Existe desde hace apenas tres años y tiene muy poca capacidad,
coincidió Alwash. La información ambiental es poco confiable y hay
una enorme necesidad de controles y mediciones elementales y de
estudios e investigaciones, dijo.
Pero hasta tomar muestras de agua o aire es peligroso por la inseguridad
reinante. Lo mismo se aplica al respeto de normas ambientales, pues
en buena parte del país no rige la ley.
"Yo paso conduciendo por fábricas de ladrillos que desprenden un
denso humo negro, porque usan 'petróleo negro' ilegal como combustible
barato", señaló Alwash.
En el pasado otoño boreal se informó que millones de barriles de
petróleo negro --un derivado del proceso de refinación-- fueron
bombeados hacia valles abiertos y depósitos con pérdidas cerca del
río Tigres e incendiados.
La contaminación aérea ya era seria y empeoró en los últimos tres
años, reconoció Othman. Aunque el servicio de electricidad mejoró,
la proliferación de generadores a gasolina y gasóleo agrava la situación.
El tratamiento de las aguas servidas registra mejoras.
La Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (Usaid)
asegura haber rehabilitado plantas de tratamiento de agua, expandiendo
el acceso al saneamiento a unos 5,1 millones de residentes urbanos,
en un país de 26 millones de habitantes. Esto significa que "alrededor
de 2,3 millones de iraquíes que en 2002 no tenían agua limpia para
beber ahora la tienen", indicó Usaid.
Pero los esfuerzos estadounidenses para la reconstrucción se reducirán
en el próximo año o año y medio, señaló en una declaración escrita
Michael J. Walsh, comandante del Cuerpo de Ingenieros del ejército
de la División de la Región del Golfo (Pérsico o Arábigo).
Los tres mil 500 millones de dólares que quedan de los fondos de
reconstrucción tendrán que gastarse en agua, saneamiento y producción
de petróleo. Pero el tiempo de los grandes proyectos de infraestructura
terminó, aseguraron oficiales del Cuerpo de Ingenieros.
Los cálculos del costo total de la reconstrucción de Iraq oscilan
entre 80 mil millones y 100 mil millones de dólares.
Pese a las malas noticias, se aprobaron leyes ambientales más estrictas
y otros ministerios tomaron conciencia sobre estos temas, aseguró
Othman.
La principal buena noticia es que volvieron a inundarse los pantanos
mesopotámicos, drenados por el régimen de Saddam Hussein en los
años 80, lo que destruyó hasta 90 por ciento de los nueve mil kilómetros
cuadrados de ese ecosistema.
En 2003, un programa de reinundación patrocinado por Canadá, Italia
y organizaciones conservacionistas internacionales comenzó a regenerar
entre 25 y 35 por ciento de los pantanos, junto con mucha de su
fauna y flora.
La ministra Othman admitió la necesidad de mejora de la seguridad
y de la economía. Sin embargo, "el ambiente debe ser una prioridad
para los iraquíes, pero no lo es".
Desde luego que la contaminación perjudica la salud de la población,
afirmó Alwash. "Pero ese no es un asunto importante cuando una bala
puede perforarte la cabeza al salir de casa", agregó.
* Corresponsal de IPS. |