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Huertas orgánicas versus césped |
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Por Enrique Gili*
El
césped ocupa en EEUU casi tres veces más que la superficie de cualquier
cultivo de riego y consume un billón de litros de agua por semana,
afirman ecologistas.
SAN DIEGO, Estados Unidos, 26 mar (IPS/IFEJ).-
Un movimiento por alimentos más saludables cultivados en el jardín
de casa pugna por nacer en la californiana San Diego, Estados Unidos,
en desmedro de tanto césped bien cuidado.
Unas 400 personas asistieron este mes a la conferencia "Cultivando
justicia", auspiciada por Food Not Lawns (comida, no césped), una
organización que combina horticultura y acción política y que cuenta
con grupos en el norte del occidental estado de California y en
la costa noroeste del Pacífico, cuna del movimiento estadounidense
de alimentos orgánicos.
El ala combativa y hortícola del movimiento por la justicia social
intercambió allí información con sibaritas y chefs sobre una preocupación
común: qué comen las personas y cómo obtienen sus alimentos.
Los participantes de este movimiento se cuentan entre los californianos
apodados "creativos culturales", que buscan implementar ideales
progresistas, no solamente a través del cambio social, sino dedicándose
a curar al planeta. Muchos de ellos creen que el camino hacia la
recuperación ambiental comienza por modificar hábitos personales.
"La gente está hambrienta de información", dijo Kate Hughes, una
de las organizadoras del encuentro, celebrado el 3 de este mes.
La conferencia atrajo a una amplia variedad de habitantes de San
Diego: desde hippies que abogan por el regreso a la tierra hasta
jóvenes activistas universitarios que ven una conexión entre la
dependencia petrolera de Estados Unidos y la agricultura industrial.
El horticultor Paul Maschka pasó mucho de su vida adulta cultivando
vegetales en el zoológico de San Diego y hoy planta desde alcachofas
hasta girasoles en su casa.
"Las técnicas de la horticultura orgánica (que no emplea fertilizantes
ni plaguicidas químicos) no se enseñan en el sur de California",
dijo. El conocimiento directo lo obtuvo en huertas en Santa Cruz
y San Luis Obispo --en el centro y sur del estado, respectivamente--
donde esa práctica está mucho más difundida.
Según Maschka, el césped es un ambiente chato y estéril, mantenido
de modo artificial y dependiente de químicos sintéticos.
El césped es un vestigio de la Edad Media, cuando la aristocracia
francesa comenzó a convertir predios productivos en campos para
el placer, explicó. Más tarde, en una Inglaterra enloquecida por
la jardinería, generaciones de burgueses exhibían su nueva riqueza
plantando rosales y lujosos jardines.
La tendencia aún pesa sobre la clase media del siglo XXI, propietaria
de inmuebles y dispuesta a gastar cientos de dólares en el mantenimiento
del césped. Según un estudio de impacto económico publicado por
la estadounidense Universidad de Florida en 2002, el cuidado de
jardines y la industria del césped generaron 57 mil millones de
dólares anuales y emplearon a más de 800 mil personas.
Mediante imágenes satelitales y aéreas, investigadores de la agencia
aeroespacial estadounidense calcularon que unos 162 mil kilómetros
cuadrados del país están cubiertos de césped, casi tres veces más
que la superficie ocupada por cualquier cultivo irrigado.
El césped consume alrededor de un billón de litros de agua por semana
en este país, suficiente para regar 327 mil kilómetros cuadrados
de vegetales orgánicos.
Según Maschka, el césped aparenta vitalidad, pero para mantenerlo
se matan microorganismos que ayudan a las plantas a crecer. Recibe
10 veces más pesticidas y herbicidas que los cultivos comerciales.
"Las cosas tienen que cambiar", coincidió Issa Esperanza, hija de
padres misioneros, criada en América Latina, donde trepó árboles
y cosechó sus propias frutas y hortalizas. Desde que regresó a Estados
Unidos depende de sus amigos ecologistas y de mercados agrícolas
cercanos para obtener sus verduras.
Ron Oliver, chef del Marine Room, uno de los restaurantes más destacados
de San Diego, basa su negocio en satisfacer a la gente.
El restaurante depende en gran medida de los productos cultivados
en la zona y de la cosecha orgánica de la hacienda Blue Sky, de
unas 16 hectáreas, donde alimentos y misticismo "New Age" van de
la mano.
Allí, residentes y voluntarios se consideran cuidadores de la tierra.
Frutas y verduras son cultivadas según la estación y sin productos
químicos.
Oliver afirma que tuvo su propia "revelación alimentaria" cuando
sus hijos llegaron a la edad escolar. Los almuerzos escolares siguen
pautas basadas en la ingesta calórica más que en el valor nutricional,
afirma. Por eso decidió buscar apoyo para construir una huerta en
la escuela primaria Chula Vista, a la que asisten sus hijos. "Como
mínimo, la horticultura les enseñará a tener paciencia", aseguró.
El chef cree que las personas votan con sus tenedores y que, si
se les diera la oportunidad, preferirían lo orgánico.
* Este artículo es parte de una serie sobre
desarrollo sustentable producida en conjunto por IPS (Inter Press
Service) e IFEJ (siglas en inglés de Federación Internacional de
Periodistas Ambientales). |