 |
|
|
Agricultores de Malawi usan sus heces para fertilizar |
|
Por Pilirani Semu-Banda*
Los
agricultores de seis de los 27 distritos de Malawi adoptaron un
compost obtenido de excremento humano para eliminar los costos de
los fertilizantes químicos.
BLANTYRE, 16 abr (IPS/IFEJ) Hablar de excrementos
es de mal gusto en cualquier parte. En Malawi es tabú en las 10
lenguas oficiales de ese país africano. Sin embargo, el uso de este
desperdicio humano como fertilizante se expande en zonas rurales
pobres.
Las comunidades de seis de los 27 distritos de Malawi ya no usan
productos sintéticos, sino un fertilizante orgánico basado en heces
humanas, resolviendo además problemas de saneamiento.
En este país del sudeste de África donde 65 por ciento de los habitantes
viven con menos de un dólar por día, según el Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo (PNUD), pagar 11 dólares por una bolsa
de 50 kilogramos de fertilizantes resulta inaccesible.
Ochenta y cinco por ciento de los más de 12 millones de habitantes
del país son agricultores o trabajadores agrícolas, según la Organización
Internacional del Trabajo.
En los últimos años, los cultivadores se embarcaron en la búsqueda
de alternativas más baratas para mejorar el rendimiento de sus cultivos
y encontraron una solución en casa.
"Mi familia y yo usamos letrinas en las que podemos agregar cenizas
cada vez que vamos al baño, lo que acelera la descomposición. Luego
de seis meses, el producto es añadido al suelo y es un fertilizante
muy efectivo", explicó Patrick Moyo, agricultor del septentrional
distrito de Mzimba.
Moyo ya no gasta dinero en químicos, y sus rendimientos anuales
de maíz y frutas se duplicaron desde que comenzó a usar este tipo
de compost o fertilizante orgánico.
El Sínodo Livingstonia de la Iglesia Presbiteriana de África Central,
una influyente entidad protestante de Malawi, aunó fuerzas con la
organización no gubernamental internacional WaterAid para promover
el reciclaje de excrementos.
Sangster Nkhandwe, director del Departamento de Desarrollo del Sínodo,
afirma que la transformación de residuos humanos en fertilizante
es "saneamiento ecológico" y plantea poco riesgos de transmisión
de enfermedades.
"Hemos hecho varios estudios científicos sobre esta tecnología y
hallamos que no hay ninguna amenaza a la salud humana, dado que
los microorganismos son tratados inmediatamente cuando se agregan
las cenizas", señaló al ser entrevistado.
"Los excrementos humanos contienen nutrientes valiosos para la agricultura,
pero la mayor parte se pierden en los pozos sépticos tradicionales.
Allí aparece el uso de las eco-letrinas para revertir esta situación",
explicó.
Según el gerente de políticas de WaterAid, Amos Chigwenembe, hay
tres tipos de eco-letrinas y cámaras sépticas en las zonas que adoptaron
este reciclaje: Arborloo, Fossa Alterna y Skyloo.
Arborloo es la más simple, porque implica menos cambios en las comunidades.
Lo único que se requiere es que las personas planten árboles frutales
sobre los pozos sépticos cuando están llenos.
"El árbol crece y utiliza el compost para producir frutos grandes
y suculentos. Luego de unos años, el resultado es un huerto frutal
con real valor económico", dijo Chigwenembe en una entrevista.
Fossa Alterna requiere cavar dos pozos poco profundos. En uno se
instala la letrina y en el otro los residuos maduran hasta convertirse
en compost, en un sistema rotativo.
Skyloo trabaja en base al mismo principio, pero usando cámaras hechas
con ladrillos. "Éstas se van rotando de manera similar a la Fossa
Alterna. Tras un tiempo adecuado, el fertilizante se traslada a
la huerta o la plantación", dijo Chigwenembe.
Los diseños de eco-letrinas contemplan retretes cómodos y de bajo
costo. Su peso y tamaño hace que sean fácilmente instalables y transportables
para familias que a menudo dependen de carros o carretillas para
trasladarse.
* Este artículo es parte de una serie sobre
desarrollo sustentable producida en conjunto por IPS (Inter Press
Service) e IFEJ (siglas en inglés de Federación Internacional de
Periodistas Ambientales). |