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Límites al banquete chatarra |
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Por Diego Cevallos*
América
Latina libra sus primeras batallas contra el consumo descontrolado
de alimentos de escasos nutrientes.
MÉXICO, 23 abr (IPS/IFEJ) A empujones, decenas
de niñas y niños piden al unísono papas fritas, bebidas gaseosas,
salchichas y caramelos en la tienda de una escuela privada de México.
Escenas idénticas se ven en toda América Latina, donde prospera
la venta de comida "chatarra".
Mientras, en Argentina, Brasil, Chile, Panamá y México surgen paulatinamente
iniciativas legislativas o programas de gobiernos, municipios y
asociaciones de padres para quitar espacio a esos productos.
En la misma escuela donde los niños compran alimentos ricos en grasas
y azúcares y pobres en nutrientes, también se venden frutas y hortalizas.
Pero no las pide casi nadie.
Este reportero siguió la programación de dos canales mexicanos de
televisión entre las dos y las seis de la tarde y comprobó que,
en más de 100 anuncios transmitidos en cada estación, al menos la
mitad correspondieron a comida chatarra.
En Estados Unidos, los anuncios televisivos de dulces, hamburguesas,
cereales azucarados y afines, también conocidos como comida rápida,
representan 34 por ciento de todos los que ven niños y adolescentes,
según un estudio patrocinado por la estadounidense Fundación de la Familia Kaiser.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que este tipo de
alimentos promueven la obesidad que afecta a más de 20 por ciento
de los mayores de cinco años en la región.
La organización también afirma que los principales factores de riesgo
para contraer enfermedades no transmisibles --responsables de 60
por ciento de los 56 millones de defunciones anuales en el mundo--,
son escasa ingesta de frutas y hortalizas, exceso de peso u obesidad,
poca actividad física y tabaquismo.
La estadounidense American Heart Association sostiene que "América
Latina se diferencia de otras regiones por poseer una mayor proporción
de riesgo de ataques cardiacos como consecuencia de alta presión
sanguínea, grasa abdominal y estrés permanente".
En noviembre, la estatal Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria
de Brasil, abrió a debate público normas que prohíben la publicidad
en radio y televisión de gaseosas y alimentos con altos contenidos
de azúcar, grasa saturada y sal. Se espera que el gobierno emita
un decreto con tales medidas a fines de junio.
La regulación de la publicidad "es interesante", porque afecta a
"consumidores inocentes" como los niños, y se trata de una medida
"esencial" para contener la obesidad infantil, opina Mariana del
Bosco Rodrigues, nutricionista de la Asociación Brasileña para el
Estudio de la Obesidad.
Algunas alcaldías han prohibido la venta de golosinas cerca o dentro
de las escuelas. Otras mejoraron la merienda escolar ofreciendo
frutas, jugos naturales y verduras, dijo en una entrevista.
Murilo Diversi, experto en alimentos del Instituto Brasileño de
Defensa del Consumidor, explica que, para fortuna de su país, se
puede regular por decreto la publicidad de la comida chatarra.
Entre los bienios 1974-1975 y 2002-2003, la proporción de hombres
de entre 10 y 19 años de edad con sobrepeso en Brasil pasó de 3,9
por ciento a 17,9 por ciento, mientras en las mujeres del mismo
grupo etario aumentó de 7,5 a 15,4 por ciento.
En México, de 1999 a 2006 la obesidad entre niños de cinco a 11
años aumentó 40 por ciento. En el mismo periodo, la cintura de las
mujeres en edad fértil creció en promedio 10 centímetros. Además,
10 por ciento de los adultos sufren diabetes y 30 por ciento de
los niños, hipertensión, según cifras oficiales.
En este país "la epidemia de obesidad está fuera de control. Una
de las causas más importantes es el cambio en los hábitos alimentarios
y la falta de regulación de la publicidad de la comida chatarra",
apunta Alejandro Calvillo, director del no gubernamental El Poder
del Consumidor, entrevistado para este artículo.
Según el estatal Instituto Nacional de Salud Pública, en los últimos
14 años el consumo de refrescos aumentó 60 por ciento en México,
segundo mercado mundial de ese producto después de Estados Unidos.
Las familias indígenas mexicanas, que son las más pobres, gastan
en promedio dos dólares por semana en refrescos y menos de uno en
leche, precisó el estatal Desarrollo Integral de la Familia.
Pese a las presiones de ConMéxico, asociación que aglutina a los
principales fabricantes de alimentos rápidos, los legisladores estudian
desde 2006 un proyecto para restringir la publicidad. También hay
una iniciativa para etiquetar los envases con advertencias sobre
su escaso valor nutritivo.
Pero tales proyectos están trabados, y algunos legisladores denuncian
intervención y hasta amenazas de empresarios.
Fiel al discurso de fabricantes de alimentos y refrescos de otros
países, Ignacio Lastra, portavoz de la Cámara Nacional de la Industria
de Transformación de México, declaró que una ley no solucionaría
el problema de la obesidad.
Lastra opina que las familias deberían instruir a sus hijos sobre
una alimentación adecuada.
En su propuesta de "Estrategia Global sobre Dieta, Actividad Física
y Salud", la OMS sugiere a los gobiernos crear nuevos impuestos
para desalentar la fabricación de alimentos poco saludables y limitar
la publicidad dirigida a niños.
La médica Mercedes Schnell, de la no gubernamental Fundación Bengoa
de Alimentación y Nutrición de Venezuela, cree que prohibir las
comidas rápidas no tiene garantía de éxito.
Lo mejor es educar a los consumidores, afirma en una entrevista.
Pero, como la mayoría de los expertos, reconoce que "la desnutrición
infantil y el sobrepeso y la obesidad aumentan por la mayor disposición
de comida fácil, fuera del hogar, cargada de grasas saturadas, rica
en azúcares libres y pobre en fibra dietética".
Aunque por ahora no hay en Venezuela iniciativas para contener el
expendio de comida chatarra ni su publicidad, autoridades educativas
prohibieron su consumo en muchas escuelas.
Gobiernos locales, alcaldías y asociaciones de familiares de Argentina,
Brasil y México decidieron no esperar regulaciones nacionales y
diseñaron programas propios para limitar la venta de esos alimentos
en las escuelas y sus alrededores.
En Chile, senadores del cogobernante Partido por la Democracia estudian
un proyecto de ley para regular la fabricación de los alimentos
de bajo valor nutritivo y limitar su venta en centros educativos
y sus proximidades.
En Panamá, existen desde 1997 prohibiciones a la distribución de
frituras y bebidas gaseosas en las escuelas. Pero las autoridades
de ese país reconocen que hay dificultades para aplicarlas.
Una buena alimentación, junto con políticas públicas en educación,
salud, deportes y controles a la publicidad, puede corregir la tendencia
creciente de la obesidad, la diabetes y las enfermedades circulatorias,
apunta Bosco Rodrigues.
* Con aportes de Mario Osava (Brasil) y
Humberto Márquez (Venezuela). Este artículo es parte de una serie
sobre desarrollo sustentable producida en conjunto por IPS (Inter
Press Service) e IFEJ (siglas en inglés de Federación Internacional
de Periodistas Ambientales). |