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Jaguares en fuga |
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Por Marcela Valente*
El
majestuoso jaguar que dominó Argentina hoy está reducido a 300 ejemplares
cada vez más aislados.
BUENOS AIRES, 30 abr (Tierramérica) Hace dos
siglos, el yaguareté (Panthera onca) reinaba en más de la mitad
del territorio argentino. Hoy sobrevive en espacios restringidos
donde resulta fácil presa de cazadores.
La especie, que se extendía desde el sudoeste de Estados Unidos
hasta el norte de la Patagonia argentina, perdió 80 por ciento de
su territorio en este país. Estaba en 18 provincias y ahora sólo
en seis, según datos de la no gubernamental Red Yaguareté.
"No quedan más de 300 ejemplares en zonas alejadas y agrestes",
dijo a Tierramérica Nicolás Lodeiro, de la Red. En la nororiental
selva de Misiones hay unos 50, y el resto está en la noroccidental
selva de Yungas y en el Chaco seco, la región centro-norte de Argentina.
Esto se debe a "la pérdida y degradación de su hábitat, y a la cacería,
provocada primero como respuesta al ataque al ganado y a animales
domésticos, después como cacería deportiva y, en menor medida, se
lo mata por temor", puntualizó.
Claudio Bertonatti, de la Fundación Vida Silvestre Argentina, opinó
que "si se le sostiene el ambiente, el yaguareté tiene posibilidades.
Pero en Argentina, en 200 años los bosques y selvas pasaron de 160
millones a 33 millones de hectáreas. Si se sigue desmontando, todos
los esfuerzos de reproducción en cautiverio serán estériles", advirtió.
El yaguareté es el felino más grande de América, donde se lo conoce
como jaguar, tigre americano y overo, entre otros muchos nombres.
De las ocho subespecies identificadas, la que habita en Argentina,
Panthera onca palustris, es la de mayor tamaño.
Tiene pelaje anaranjado y manchas negras como rosetas. Mide hasta
dos metros de largo y pesa entre 70 y 100 kilogramos. Se alimenta
de pecaríes (Tayassuidae), tapires (Tapiridae) y corzuelas (Mazama).
Si bien abunda en reductos como la Amazonia, la Unión Mundial para
la Naturaleza lo tiene en su lista roja, y figura también en el
Apéndice I de la Convención Internacional para el Tráfico de Especies
de Fauna y Flora Amenazadas, que determina una regulación estricta
de su comercio.
Según estudios nacionales, a comienzos del siglo XIX, Buenos Aires
exportaba dos mil pieles de yaguareté por año.
En el informe "Situación poblacional y amenazas para la conservación
del yaguareté en el corredor verde" que abarca Misiones, académicos
señalan que apenas 15 años atrás había entre 440 y mil 200 ejemplares
en esa provincia. Hoy quedan 50.
Bertonatti explicó que el yaguareté puede vivir en estepas, pastizales,
bosques, selvas y sabanas, pero "lo estamos borrando del mapa porque
cada vez tenemos menos áreas naturales".
"Los ambientes remanentes son pocos y funcionan como pequeñas islas
que, al perder conexión entre sí, potencian la vulnerabilidad de
las especies", destacó. Cuando se trata de herbívoros, el repliegue
no es tan grave; pero en el caso de un gran predador como el yaguareté,
el problema es mayor.
El jaguar se alimenta de otros mamíferos y necesita amplios territorios
para cazar. "Si al salir de una de esas 'islas' se encuentra con
un perro o un caballo e intenta atraparlo, es probable que el hombre
de campo lo persiga y lo mate", señaló Bertonatti.
Lodeiro explicó que las poblaciones que sobreviven están en zonas
de difícil acceso, algunas no aptas para asentamientos humanos,
o donde no es posible la explotación maderera. Pero hay áreas en
las que los animales quedan expuestos a la caza furtiva.
Según denuncias a la Dirección Nacional de Fauna y presentadas ante
la justicia federal, hay yaguaretés en cautiverio que son liberados
en cotos de caza pese a que esta práctica está expresamente prohibida.
El 13 de abril se decomisó una piel y un brazalete elaborado con
el mismo material tras una denuncia de la Red Yaguareté.
Junto a la ballena franca austral (Eubalaena australis), el huemul
(Hippocamelus bisulcus) y la taruca (Hippocamelus antisensis), el
yaguareté es uno de los cuatro monumentos naturales nacionales de
Argentina. Sin embargo, es difícil convencer a un campesino de no
matarlo, señaló Lodeiro.
La solución es consolidar áreas protegidas, crear nuevas y establecer
corredores ecológicos, controlar la caza, generar sentencias judiciales
desalentadoras ejemplarizantes y "crear conciencia desde las escuelas",
sostuvo Bertonatti.
Por iniciativa de organizaciones no gubernamentales, la Administración
de Parques Nacionales y la Dirección Nacional de Fauna realizaron
dos talleres sobre la especie en 2004 y en 2006. "Se definieron
objetivos, líneas de acción, y quedó claro que no hay más tiempo",
dijo Lodeiro.
Los asistentes formaron comisiones regionales y reclamaron un coordinador
nacional con dedicación exclusiva para articular acciones de conservación
de la especie, pero hasta ahora no tuvieron respuesta de las autoridades.
"Hay algunos avances, pero sin una persona encargada de conseguir
fondos, de acercar a las instituciones que trabajan en forma descoordinada
o que fomente proyectos de desarrollo sustentable, será muy difícil
ponerle un freno a la pérdida de esta especie", alertó Lodeiro.
* Corresponsal de IPS. |