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El ambiente bajo el prisma del comercio

Por Pascal Lamy *

La Ronda de Doha es el punto de partida del desarrollo sostenible, escribe en esta columna exclusiva para Tierramérica el director general de la Organización Mundial de Comercio.

GINEBRA, 26 Feb (Tierramérica).- Gaia, que en griego significa madre tierra, está atravesando una zona de turbulencias. Ya en 1979, cuando el científico inglés James Lovelock publicó su famoso trabajo “Gaia: una nueva mirada a la vida en La Tierra”, fuimos advertidos de que la materia viviente no es pasiva y que nuestro planeta responde a las provocaciones.

Hemos aprendido que el aire, los océanos y la tierra reaccionan ante las amenazas a su existencia y que luchan en su propia defensa.

En 1987, cuando el Informe Brundtland acuñó el término “desarrollo sostenible”, muchos lo vimos como una opción frente al comercio y sus negocios desarrollados del modo habitual. Veinte años después, nadie puede argumentar que se trata sólo de una opción, pues se ha convertido en un deber. El desarrollo sostenible debería ser la piedra angular de nuestro enfoque de la globalización y de la arquitectura del gobierno global.

Cuando la Organización Mundial de Comercio (OMC) se estableció en 1995, el desarrollo sostenible fue colocado exactamente en el corazón de su carta fundacional. Los gobiernos vetaron el tipo de comercio cuya premisa es el vaciamiento de los recursos naturales, y exhortaron a un uso sostenible de éstos y, más aún, introdujeron metas ambientales en las actuales negociaciones de la Ronda de Doha, lo que sucede por primera vez en la historia del comercio multilateral.

Claramente, la globalización es un fenómeno que requiere un manejo cuidadoso; al conectar a la gente de lugares opuestos del planeta ofrece un tremendo potencial, pero puede tener también desventajas e inconvenientes. Del mismo modo que los bienes, los servicios y las personas cruzan las fronteras también lo hace, por ejemplo, la contaminación. El manejo correcto de la globalización nos permitiría captar sus beneficios y dejar atrás sus lados negativos.

No caben dudas que el mundo necesita un “gobierno global” más eficaz a una escala que trascienda las fronteras nacionales. Por lo tanto, nuestras instituciones de gobierno global deben ser fortalecidas. Esto se aplica a la OMC y a todas las otras instituciones internacionales, que deberían complementarse entre sí.

La Ronda de Doha contiene la promesa de permitir una distribución más eficiente de los recursos, incluyendo los naturales, a través de una continua reducción de los obstáculos al comercio, entre ellos los aranceles y los subsidios.

Pero también contiene la promesa de asegurar la obtención de una mayor armonía entre la OMC y los acuerdos ambientales multilaterales, así como reducir los subsidios agrícolas dañinos para el ambiente que están llevando a la superproducción.

El mundo debe progresar en estas negociaciones tan rápido como sea posible. No porque la Ronda de Doha vaya a salvar el ambiente mundial, sino porque es el muy modesto punto de partida que ha acordado establecer la comunidad internacional para hacer frente a los desafíos a través del prisma del comercio.

Un fracaso de estas negociaciones no haría más que dar una mano a todos aquellos que argumentan que el crecimiento económico debe seguir adelante sin controles. Ese crecimiento es la razón suprema, afirman, y no necesita tener en cuenta al ambiente.

Pero el comercio, y por cierto la OMC, debe operar para alimentar un desarrollo sostenible. No debemos esperar a que Gaia reaccione.

* Director General de la Organización Mundial del Comercio.


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