|
|||||
| Acerca de Tierramérica |
|
||||
| Foro de discusión |
| Links Utiles |
| Búsquedas |
| Autores |
| Galería de Portadas |
| Secciones |
| Inicio |
| Poder de vida y muerte Por Roberto Messías Franco Si no las manejamos con amor y saber, las aguas dejan de ser fuente de vida y riqueza y se transforman en verdugos de poblaciones enteras La historia humana está marcada por la necesidad del dominio del agua. El saber administrarla ha sido el eje de sobrevivencia de las civilizaciones: tanto las culturas pre-colombinas como las árabes crearon sofisticados sistemas de irrigación para aprovechar cada gota del recurso; mientras que los egipcios lograron convivir con las inundaciones y las transformaron en bendición de los dioses al fertilizar extensas áreas ribereñas del Nilo. Entre la ciencia y lo imaginario, conviven a través del agua innumerables luchas, mitos y acontecimientos, que son el sedimento de todas las culturas. Hace poco tiempo, Yuri Gagarin exclamó al salir de la atmósfera: ¡La tierra es azul! Se refería a una primera visión privilegiada y exquisita: el azul de más de tres cuartos de la superficie del planeta cubierta por los océanos... El milagro del agua. Sin embargo, de toda el agua disponible, menos del 1 por ciento es dulce, es decir, aquella apta para el consumo humano. El sabio ciclo del agua garantiza que ese porcentaje se renueve continuamente. Pero al tiempo que se expanden las intensas actividades del hombre -y sus efectos contaminantes- el agua se torna escasa y de mala calidad. ¡Cómo hemos maltratado a lo largo de la historia este recurso! Tanto, que de fuente de vida y riqueza se va transformando en verdugo de poblaciones enteras. El agua sucia de las alcantarillas, casi nunca tratada, es vehículo de enfermedades que afectan a los grupos sociales más frágiles, entre ellos los niños. En forma de lluvias en zonas tropicales húmedas, de relieve accidentado y pendientes inestables, el agua causa derrumbes que matan a miles de personas que no tienen otra alternativa para construir sus moradas. Y en otras zonas, bajas y planas, la violencia del agua se expresa en inundaciones que parecen reclamar a sus ocupantes los espacios que les fueron arrebatados y liquidan, por ejemplo, las posibilidades agrícolas. Esa es la gran paradoja de las aguas: limpias y racionalmente usadas significan vida y prosperidad; sucias y mal manejadas son instrumento de destrucción y muerte. La búsqueda de caminos para un manejo racional del agua -su cantidad, su calidad, su distribución- es urgente. Como urgente es comprender que cada cuerpo de agua está en una "cuenca", es decir, en un área compartida. Y que un manejo eficaz del recurso sólo puede hacerse a través de los dos ejes de la cuestión ambiental: la solidaridad y la interdependencia. Porque para hacer uso del agua, la humanidad debe ahora recurrir a su amor y a su saber, valores a veces acumulados, otras ignorados. Este es el gran desafío para nuestro planeta azul. *El autor es ex-secretario de Medio Ambiente de Brasil. Próximo
artículo:
|