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Santiago limpia su agua

Por Gabriel Sanhueza

Una flamante planta de tratamiento garantizará agua segura para por lo menos 130 mil santiaguinos

Santiago cuenta con una primera y flamante planta para el tratamiento que limpia aguas servidas de cerca de 130 mil habitantes, a una capacidad de 700 litros por segundo.

Aunque una sola planta trata apenas un bajo porcentaje de agua, es un paso importante en el Plan de Descontaminación Hídrica, que comenzó en 1990 y debe culminar en siete años más con el tratamiento de todas las aguas servidas de la capital.

Ubicada en la comuna de Maipa, la planta entrega además agua limpia para regar 100 hectáreas de suelo agrícola, sin riesgos para la salud.

Su costo - de 13 millones de dólares - fue financiado por la Empresa Metropolitana de Obras Sanitarias (EMOS) y por el Banco Mundial.

Es una planta con carácter piloto, pues allí se realizan programas de investigación sobre los mejores sistemas de tratamiento.

Una ciudad enferma

Diez metros cúbicos de aguas servidas, a diez mil litros por segundo, se vacían directamente a los cauces naturales o artificiales en Santiago de Chile.

El Rio Mapocho - que nace en la Cordillera de los Andes - es una cloaca abierta que recibe cada día millones de litros de orina y mil toneladas de excrementos.

Todos los cursos superficiales están fuertemente contaminados y las reservas de agua subterránea se encuentran amenazadas.

La norma de calidad de agua en Chile establece un máximo de mil coliformes por 100 mililitros. Sin embargo, a la altura del Puente Pedro de Valdivia en el sector elegante de la ciudad, se han registrado valores de 800 mil coliformes por 100 mililitros.

En Pudahuel, una comuna popular, el mismo Rio Mapocho registra más de 10 millones de coligormes por 100 mililitros.

Santiago está ubicado aguas arriba de extensas áreas de cultivo que, hasta la aparición del cólera en América Latina, constituían la principal fuente de abastecimiento de hortalizas frescas.

Aguas servidas, sin ningún tipo de tratamiento, se utilizaban para el riego, contaminando biológicamente las hortalizas, causa directa de muchas enfermedades.

El altísimo costo social de la carencia de eficientes sistemas de tratamiento se expresa precisamente en la incidencia de las dolencias relacionadas con el agua.

Cada año se producen cerca de siete mil casos de paratifus y fiebre tifoidea, ocho mil de hepatitis y 700 mil casos de diarreas agudas en niños de corta edad.

Cerca del 60 por ciento de los casos de fiebre tifoidea ocurre en la población laboralmente activa, es decir, entre los 16 y los 65 años.

Y un alto porcentaje de las camas hospitalarias está ocupado por pacientes con enfermedades entéricas (relacionadas a los intestinos).

Los riesgos económicos no son menores. La exportación frutícola es vital en la economía del país. Y es alto el peligro de que productos regados con aguas servidas sean rechazados en los países de destino.

Las naciones desarrolladas están cada vez más preocupadas por la calidad de los productos que reciben, y por la situación ambiental de los países que los entregan.

El rechazo de Estados Unidos de la uva chilena en los años 1988 y 1989 provocó pérdidas cercanes a los 300 millones de dólares.

Limpiar cuesta caro

Santiago necesita por lo menos 3 plantas de tratamiento para limpiar sus aguas. Las cuantiosas inversiones requeridas se calculan en unos 800 millones de dólares.

Así, una solución definitiva podría tardar todavía alrededor de 7 años. Sin embargo, la tarea ya está en marcha y muestra sus primeros frutos.

La ciudad ya cuenta con la planta piloto y también se construyen los interceptores de los ríos y canales, que separarán las aguas servidaas de las naturales, para conducir las primeras a las nuevas plantas de tratamiento.

Paralelamente, se impulsa un programa para que todas las empresas traten sus residuos líquidos antes de vertirlos a los cauces de agua.

* el autor es periodista chileno

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