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Reportaje


Titicaca - Un lago, dos dueños

por Abraham Lama

Más de dos millones de personas dependen del lago navegable más alto del mundo. Ni Perú ni Bolivia tienen soberanía absoluta sobre él... deben de compartirlo

Lima.- La leyenda histórica dice que de sus aguas emergieron Manco Capac y Mama Occllo, la pareja mítica que dio origen al imperio incaico. El lago Titicaca es un emblema de identidad nacional para Bolivia y Perú, y es ahora también escenario de uno de los más sugestivos programas de cooperación binacional.

Vista del Lago

Vista del lago, con una típica embarcación de la zona, que los indígenas construyen con "totora", una planta de la familia del papiro.

A 4 mil metros de altura sobre el nivel del mar y con 9 mil 330 kilómetros cuadrados de extensión, tiene influencia geográfica, social y política sobre 58 mil kilómetros del altiplano boliviano y peruano.

Densamente poblado, el territorio que circunda el lago es un área con graves problemas ecológicos.

Situado en un punto en donde se dividen las vertientes del Atlántico y el Pacífico, el Titicaca no pertenece a ninguna cuenca fluvial, sino que forma una propia, vinculada a los ríos que integran la cuenca del Amazonas y del Río de la Plata.

Políticamente, el lago es un condominio de Perú y Bolivia, ninguno de los cuales tiene soberanía absoluta sobre su masa hídrica ni sobre sus recursos, que están obligados a compartir.

El proyecto binacional marcha sin obstáculos, con reuniones semestrales de evaluación, dice Nora Donayre, del Instituto Nacional de Desarrollo de Perú.

"El lago es una frontera no conflictiva, de integración armoniosa entre Perú y Bolivia", apunta el diplomático peruano Alejandro Deustua.

Uno de los ejemplos de la cooperación peruano-boliviana es la convivencia de técnicas agrarias prehispánicas y tecnologías modernas.

El Proyecto Especial Lago Titicaca (pelt), creado en 1981 por ambos países, intenta rescatar los "waru waru", técnica de más de 1.000 años de antigüedad.

Se trata de montículos aplanados, de 200 metros cuadrados en promedio, rodeados por canales que los campesinos de Puno construyen, extrayendo tierra del fondo del lago en las áreas ribereñas para sembrar papa, cebada o quinua. Vistos a vuelo de pájaro, desde un avión, los waru waru son chacras rectangulares circundadas por canales de agua.

Los waru waru -que en aymara significa "surcos de los antepasados"- aprovechan las difíciles características de la geografía local para establecer formas de cultivo muy eficaces.

La población ribereña de Copacabana, en la frontera."Los campesinos no pueden pagar abonos artificiales, pero recogen de los canales hierbas, batracios y caracoles, que al secarse se convierten en fertilizantes orgánicos", comenta el sociólogo Luis Grados.

Pero esa técnica no sólo otorga tierras nuevas, con riego permanente y fertilización natural, sino que también es un factor de estabilización térmica, vital en una región cuya temperatura ambiente oscila entre el frío boreal y la subglacial tundra.

Aparte de los waru waru, el pelt ejecuta programas de desarrollo en 200 comunidades.

Felipe Huarachi, campesino de la comunidad de Pomata, tiene un criadero de truchas, vecino al lago, con crías proporcionadas por el proyecto.

"En año y medio las truchas llegan al medio kilogramo de peso y, si uno las deja más tiempo, pueden alcanzar los tres kilogramos", dice Huarachi.

En Catarata -otra comunidad indígena- cada familia tiene de cuatro a nueve vacunos que se alimentan de llacho, hierba que crece en el fondo del lago y que se extrae con largas hoces de metro y medio.

Allí siembran "totora" -planta de la familia del papiro- que crece de dos a tres metros por encima del agua y sirve como alimento, para hacer embarcaciones y hasta islas flotantes, en el hábitat de los "uros".

En el proyecto binacional participan técnicos peruanos y bolivianos, y su costo es de casi 109 millones de dólares.

* El autor es periodista de la Red ips-pnuma (Perú)

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