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Los recursos pesqueros

¿La panacea alimentaria?

Por Andrés Mina Millar


El pescado es el alimento natural más importante del mundo y la mayor fuente de proteínas de origen animal para más de mil millones de personas. Su contribución al mapa de la alimentación del planeta es clave. Pero, ¿es el mar la panacea alimentaria? Los recursos marítimos son finitos y su sobreexplotación ha causado daños ecológicos y económicos tan severos que hoy se habla ya de limitar la producción pesquera.

 

El nivel actual de consumo per cápita de pescado en el mundo es de 13 kilos anuales. Para llegar al año 2010 con el mismo nivel, requeriríamos 19 millones de toneladas extras de pescado.

¿Cómo hacer frente a esta demanda que contrituirá el clamor de 7 mil millones de personas que se estima poblarán la Tierra dentro de 14 años? Según estudios de la FAO, las posibilidades de aumentar la producción son limitadas y aún más: existe el peligro de no poder mantener siquiera los niveles actuales.

Se calcula que el aumento requerido sólo será factible si en los próximos 15 años mejora la conservación y la ordenación de los recursos que son objeto de la pesque y si, al mismo tiempo, se logra duplicar la producción de la acuicultura. Este es un rubro promisorio, pues en la última década su producción mundial pasó de siete a 16 millones de toneladas.

Debido a la explotación comercial de la pesca en alta mar y a la pequeña y mediana explotación en aguas continentales, han disminuido alarmantemente las poblaciones de peces.

En 1993, el Comité de Pesca de la FAO señaló que el 60 por ciento de las especies marinas más conocidas se explotaban completamente o en exceso, mientras el 9 por ciento estaba agotado o se recuperaba lentamente. Esta situación -cuyos efectos ya son graves- no es ya sostenible.

El problema es tan serio que se demanda limitar la producción a corto y mediano plazo. Ello permitiría la rehabilitación de algunas especies, proceso que tomaría 10 años o más. A nivel mundial, las mayores perspectivas de aumentar los suministros de peces para la alimentación humana se encuentran en la explotación de especies marinas que hoy se utilizan para la producción de harina y aceite de pescado.

Otras fórmulas -como mejorar los métodos de captura- son de doble filo, ya que producen un aumento de precios, con un gran impacto en la población más pobre. La FAO afirma que sin una intervención de los poderes públicos para proteger y ordenar la pesca, los recursos continuarán deteriorándose a un ritmo correspondiente al de la subida de los precios reales del pescado. El Código de Conducta para la Pesca Responsable -aprobado por los países miembros de la FAO en 1995- es una norma clave, que vela porque la actividad pesquera contribuya a un desarrollo económicamente viable y ambientalmente sustentable.

Pero más allá de los esfuerzos que se emprendan, el mar está lejos de ser la panacea alimentaria. Si no se toman acciones para mejorar el uso de las capturas y la ordenación de las pesquerías deprimidas o explotadas en exceso, se registrará en el futuro una significativa escasez mundial de pescado, cuyo efecto global será una importante alza de los precios, con el consiguiente costo sobre la seguridad alimentaria de los habitantes. El mar sigue, por ello, planteándonos enormes desafíos.

* el autor es cubano, Oficial Regional de Pesca, FAO

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