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En su
infatigable andar por la ruta de la defensa de los derechos
de los indígenas, Marcos Terena le revela al mundo
-distraído en la vorágine de la modernidad-,
un antiguo modelo de vida orientado hacia el bienestar de
la gente y de la tierra. Una labor así de sencilla
y así de compleja.
Por su
origen, Terena es brasileño, pero por la sensibilidad
que posee y que le permite escuchar los latidos del corazón
de la Tierra, el indígena nacido en la región
del Pantanal del país más grande de América
Latina es un ciudadano universal.
Terena
pertenece un poco a cada uno de los incontables pueblos autóctonos
que ha recorrido.
Como trotador
del mundo indígena, el activista propala un mensaje
de esperanza para esos pueblos, poseedores natos de una sensibilidad
cultural y espiritual que es imposible aprender en un aula,
pues para ello se requiere de una "capacidad de ver y
percibir, de respirar y sentir. Señales del tiempo,
la tierra y el hombre", como explica Terena.
El fundador
del movimiento étnico en Brasil, a través de
la Unión de Naciones Indígenas, se convirtió
en el primer indígena en tener un cargo ministerial
en su país. Actualmente es Jefe de la Fundación
Nacional del Indio, la oficina del gobierno brasileño
para asuntos indígenas, y Asesor del Ministro de la
Cultura.
Terena,
piloto profesional aéreo, ha visitado casi todos las
comunidades autóctonas de su país y otras de
Ecuador, Costa Rica, Paraguay, Argentina, México, Estados
Unidos y Canadá.
Es también
coordinador indígena dentro del Grupo de Trabajo sobre
Poblaciones Indígenas de la Organización de
las Naciones Unidas. A la fecha ha escrito el libro "O
Invido Aviador", además de colaborar como articulista
en diarios y revistas que abordan los temas sobre indigenismo
en Brasil y otros países.
En 1992,
coordinó la Conferencia Mundial de los Pueblos Indígenas
sobre territorio, medio ambiente y desarrollo, llevando a
ese foro la voz de los pueblos indios del mundo.
La defensa
de los derechos indígenas y la protección de
los conocimientos tradicionales de las antiguas culturas,
constituyen el eje central del trabajo de Terena, empeñado
además en tareas de demarcación de tierras,
desarrollo y fortalecimiento del legado étnico.
Terena
es Coordinador General de Derechos Indígenas y miembro
del Comité Intertribal (ITC), una organización
de Brasil.
Para conocer
a Terena, nada mejor que su propia palabra:
Extractos
de un artículo exclusivo para Tierramérica:
En Brasil,
los indígenas observan y lamentan ese modo "salvaje"
de vivir. La sabiduría milenaria de los pueblos autóctonos
de considerar como parte de la vida a los seres humanos y
el medio ambiente, no puede aceptar el modo de vivir del hombre
llamado civilizado, en el que la base es la destrucción.
La destrucción del ecosistema, de quien es diferente,
de los valores de la vida y la familia. Por eso, el hombre
blanco se torna violento, temeroso, al no caminar por las
calles y plazas, sonreír, ni vivir, en una palabra.
Los indígenas, con la fuerza espiritual de los chamanes,
nunca podrán dejar de decir que todo lo que se le hace
al medio ambiente se hace a los habitantes de la Tierra. Ese
ha sido el gran código para vivir bien y para la supervivencia
en lugares donde el desarrollo se da manera auto sustentable
y donde el valor de la riqueza está marcado por una
moneda que no se encuentra en los mostradores de los bancos,
ni en el mercado de valores.
Mientras
los chamanes y líderes indígenas caminan y luchan
por la tierra, deshechos de todo tipo son arrojados irresponsablemente
a la tierra, cielo y agua. Uno de los primeros compromisos
de millones de personas y de gobernantes del mundo, debería
ser asumir un compromiso con el futuro y con un proceso de
educación para valorar la vida, el ser humano y el
medio ambiente.
Nuestros
valores como indígenas están apoyados en la
sabiduría, la educación de nuestros líderes
y la enseñanza transmitida oralmente de padre a hijo,
pero es cierto que jamás seremos en el futuro como
el hombre blanco, pese a toda la fuerza y poder del colonizador
y del catequista. Siempre seremos lo que somos.
Cuando
cientos de hombres blancos buscan alternativas de vida debatiendo
con pueblos indígenas, es importante resaltar la muerte
de nuestros antepasados y los valores preservados, como factores
que pueden contribuir a mejorar la vida del hombre blanco,
pues son elementos sutiles que forman parte de cualquier ser
humano, pero abandonados por el criterio de lo moderno. La
capacidad de contemplar el brillo del sol sobre las aguas,
las estrellas o escuchar el canto de los pájaros, constituye
un tipo de vida que la modernidad, a pesar de la seducción
del confort, jamás sustituirá. Nuestro sueño
es mirar al otro con los ojos del espíritu, sin ver
color, edad ni estatura y sobre la base de una relación
de respeto mutuo. Eso hará sentir el perfume de la
tierra y los animales, del corazón de la Tierra.
Buscamos
conquistar la modernidad, pero no cuando ésta está
ligada a la miseria y al hambre.
La civilización
del hombre blanco logró grandes conquistas, pero como
indígenas, pensamos que es necesario rescatar el derecho
de ser gente y de proteger en cada acto nuestro medio ambiente.
Cuando se adquiera esa conciencia, realizaremos parte del
compromiso con la vida, sea en Nueva York, la Amazonía,
los Andes, o en bares, cines, casas. La búsqueda es
para corregir el pasado construyendo un tiempo nuevo. Nuestro
compromiso es con el futuro, incluidos quienes aún
no nacieron, y con la tierra. ¡Cómo el anochecer
y el amanecer de un nuevo día!
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