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Rigoberta Menchú

Ganadora del Premio Nobel de la Paz


Como activista de los derechos de los indígenas, los pobres o de cualquier marginado del mundo, como política o simplemente como mujer, Rigoberta Menchú ha merecido el reconocimiento de amplios sectores del mundo, quienes la consideran representante de la conciencia moral de su país, Guatemala.

La Premio Nobel de la Paz 1993 sumó un galardón más en su lucha por la defensa de los valores cívicos universales, al ser distinguida este año con el Premio León Felipe a la Justicia que entrega la fundación homónima del poeta español exiliado y fallecido en México en 1968.

La contribución de Menchú a la búsqueda de concordia, dignidad y paz para Guatemala le ha ganado el respeto de no pocos en el plano internacional. Pero tal honor Menchú lo comparte con todos los afectados por la guerra civil que ensangrentó a ese país centroamericano durante casi 40 años.

Más allá de los premios y reconocimientos, la voz fuerte de Menchú diciendo al mundo las atrocidades de una guerra que dejó cientos de miles de muertos o desaparecidos, la mayoría civil, fue un elemento que jugó a favor de que, en enero de 1996, el gobierno y la comandancia de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca suscribieran finalmente la paz.

En nombre de las víctimas de la dictadura que gobernó Guatemala hasta la década pasada, la activista presentó una denuncia penal contra tres ex presidentes y cinco antiguos colaboradores de los regímenes militares por genocidio, terrorismo de Estado y torturas ante la Audiencia Nacional de España.

La familia de Menchú forma parte de la lista de quienes padecieron abusos por parte del ejército guatemalteco.

Una comisión de la verdad que patrocinó la Organización de las Naciones Unidas, acusó a los militares guatemaltecos de haber cometido actos de genocidio contra los indios mayas en la campaña de contrainsurgencia emprendida durante la década de los 80 para cortar el apoyo a la guerrilla en las provincias indígenas.

El testimonio de esa tragedia y la formación de la conciencia social de Menchú es narrado por la propia indígena en su libro autobiográfico "Rigoberta: La Nieta de los Mayas". Tanto tiempo invirtió en esa obra, "que me daba la impresión de que me salían guerras de palabras y de frases", afirmó la Premio Nobel.

Aunque los años de cruenta guerra que sacudieron a Guatemala quedaron atrás, Menchú ha mantenido una presencia vital a lo largo de todo el proceso de la postguerra por considerar que esa actividad debe formar parte de la agenda nacional. La mujer que en su vida adulta no sabía leer ni escribir ha dado lecciones al mundo de cómo la gobernabilidad existe en la medida en que hay respaldo ciudadano.

Cada madre guatemalteca desaparecida, cada cuerpo inerte depositado en más de 500 cementerios clandestinos tiene en Rigoberta Menchú a una combatiente que resiste las embestidas de quienes se empeñan en cerrar ese episodio sin que los responsables pidan perdón a sus víctimas y sin que juren ante el mundo que nunca volverán a cometer semejantes atropellos.

 

 

 



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