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El nombre
de Silvio Rodríguez es una referencia obligada cuando
se habla de la trova cubana, esa tradición de la isla
que cobró celebridad en todo el mundo en la segunda
mitad del siglo XX, aunque las expresiones de la canción
popular proveniente de los juglares que sustituyeron el laúd
por la guitarra son conocidas desde una centuria antes.
El cantante
y creador de una poesía con profundo sentido social
nació en San Antonio de los Baños, provincia
de La Habana, en noviembre de 1946. Hijo mayor de una humildísima
familia compuesta por sus padres, Dagoberto y Argelia, y tres
hermanos, Rodríguez formó parte a los 15 años
del ejército de brigadistas que recorrieron las zonas
rurales de Cuba en campañas de alfabetización.
Acaso esos hayan sido los orígenes de su opción
por la solidaridad con los cubanos y con el resto del mundo,
expresada principalmente a través de la música.
Hacia
mediados de la década del 60, Rodríguez comenzó
a componer sus primeras canciones y a ganar poco a poco un
espacio en cada acto cultural o artístico de su país.
Una portentosa capacidad creadora e interpretativa comenzaba
a revelarse.
A semejanza
de los antiguos trovadores, una de las voces más famosas
de América comenzó su trayectoria de éxitos
acompañado sólo por una guitarra, narrando historias
tan simples y complejas como la vida misma. El talento musical
y la manera de decir lo cotidiano fueron desde entonces el
sello distintivo de la actividad creadora de Silvio. Pero
el amor ha sido el eje de su universo.
A Emilia,
una niña que atrapó su corazón, habrá
que reconocerle el mérito de haber arrancado los sentimientos
que el trovador imprimió en canciones como "Ojalá",
"Te doy una canción", "Oleo de una mujer
con sombrero" y, por supuesto, "Emilia".
Como compositor
de la canción popular y de protesta política
comenzó cultivando un estilo diferente al del resto
de los artistas cubanos, pero que lo identificó muy
pronto con otro gigante de la música: Pablo Milanés.
Esa dupla sumada al trabajo de artistas como Leo Browner,
Vicente Feliú y Amaury Pérez, entre otros- marcó
el nacimiento de un nuevo estilo, con una línea temática
y musical que uniría luego a los autores latinoamericanos
en un gran movimiento musical.
Desde
su primer álbum, "Días y Flores",
grabado en 1976, Rodríguez ha mostrado una capacidad
de composición poética y musical de alta calidad,
plasmada en unos 500 temas conocidos mundialmente, como "La
era está pariendo un corazón", "Canción
del elegido" y "Al final de este viaje".
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