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| Yo me llamo María Canil GUATEMALA.- "Yo me llamo María Canil y tengo 32 años, soy madre abandonada, tengo un hijo de 7 años, y vengo de un pueblo de Quiché: San Pedro Jocopilas. En Guatemala, la represión, los asesinatos, las desapariciones, las expulsiones masivas obligaron a mucha gente a desplazarse dentro del país o a huir a otros: México, Estados Unidos, Canadá y Europa. Mi familia, como muchas otras, fue víctima de la represión militar. Los que quedaron se fueron para México en 1981. La familia se separó. Yo me vine para la capital. Primero persiguieron a mi papá y salió, luego asesinaron a mi cuñado y a mi hermano. Para mí fue un dolor muy grande. Es difícil adaptarme a otro ambiente, la ciudad es diferente y es triste recordar la familia, nuestra casa, los que fueron secuestrados y asesinados. Los compañeros que se han ido a otro país, cuentan que es bien difícil: acostumbrados a su comunidad, en el extranjero tienen que dejar su traje y vestirse de otra manera, ya no pueden hablar su propio idioma, y así se pierde nuestra cultura. Y los que retornan no pueden volver a su tierra, el gobierno no soluciona nada, y la guerra siembra destrucción en todas partes. Pero nosotros siempre nos hemos pronunciado por nuestro entorno como esencia de vida. Y las mujeres desplazadas y refugiadas vivimos un gran cambio. Aprendimos que aisladas no podríamos sobrevivir y nos organizamos. Yo soy miembro de la junta directiva de la Comisión Nacional de Viudas y Huérfanos de Guatemala, conavigua, que, con otras organizaciones indígenas, trabaja por una Guatemala de paz y justicia, por nuestros derechos sociales y políticos. Las compañeras refugiadas no perdieron el tiempo. Estudiaron y todas se desarrollaron mucho en la solidaridad con todos. Porque en nuestra situación extrema no podemos discriminar y trabajar sólo por las mujeres. Tenemos que evitar que nuestros hijos sean llevados por la fuerza al cuartel e impedir que a nuestros hombres les obliguen a integrar las patrullas de autodefensa civiles". *Testimonio recogido por Celina Zubieta, periodista de la red ips-pnuma. Próximo artículo:
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