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Un especial de Tierramérica: Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible,
Johannesburgo, 26 de agosto - 4 de septiembre 2002
 
   
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Río fracasó, dice el PNUD

El acuerdo alcanzado en al Cumbre de la Tierra de 1992 para el desarrollo sustentable fue un fracaso, admitió Mark Malloch Brown, administrador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en una entrevista exclusiva con TerraViva.

¿Qué significará esta cumbre para los pobres del mundo?
- Hay dos cumbres paralelas. Una es muy buena para los pobres y tiene que ver con la increíble energía desplegada en todos los eventos de la sociedad civil, que destacan las iniciativas comunitarias.
Por otra parte, tenemos la cumbre que acapara los titulares de los periódicos, y es la que producirá el documento oficial y luego la declaración política. Y en ese ámbito, aunque las cosas están mejorando, no hay duda de que no habrá el cambio radical para los pobres, que era la aspiración de Río. Sin embargo, los Objetivos de Desarrollo del Milenio nos ofrecen un marco

Pero esta cumbre le costó al gobierno de Sudáfrica unos 85 millones de dólares. ¿Tiene sentido gastar tanto dinero sólo para reiterar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, sin enviar al mundo un mensaje nuevo?
- Lo nuevo es tomar programas que han funcionado, desde nuevas instalaciones de energía en áreas rurales hasta nuevas prácticas agrícolas y programas de conservación del agua, y globalizarlos como parte de una solución estructurada para hacer frente al problema del agua, la agricultura y la energía. Eso es lo que cuesta 85 millones de dólares. Necesitamos ver más allá de las negociaciones intergubernamentales y apreciar lo que hay detrás de ellas, que son las asociaciones para la implementación y la presión que nos conducirá a esos objetivos. Ese será el éxito de Johannesburgo. No se le recordará como una cumbre de grandes compromisos, sino como la cumbre de la implementación.

- Uno de los debates centrales de la cumbre es el de la financiación del desarrollo. La sociedad civil impulsa acuerdos del Tipo 1 según lo acordado en Río, mientras que la ONU promueve asociaciones del Tipo 2. ¿Qué significado tiene esto para los pobres del mundo?
- El hecho es que la fórmula de Río no funcionó, y por eso estamos hoy donde estamos. Los programas no se financiaron, salvo algunas excepciones notables como la del Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF). Pero igualmente, un enfoque totalmente voluntario del Tipo 2, que depende de la disposición de las empresas y la sociedad civil y carece de cualquier marco, compromiso o responsabilidad gubernamental, no conduce a ninguna parte. Es por eso que estamos buscando un marco mejor.
Hay un llamamiento a los países industrializados a aumentar la ayuda al desarrollo, cambiar ciertas prácticas comerciales –en especial los subsidios-, el estímulo de la inversión extranjera y otras medidas.
En Monterrey, los países en desarrollo acordaron emprender reformas y demostrar compromiso hacia los primeros siete objetivos del milenio, y los países industrializados prometieron ayudarles para esos fines. Se trata de un compromiso más pragmático y realista que el de Río.

Según su visión, no importa la procedencia ni la forma de provisión de los fondos para reducir la pobreza.
-Lo importante es que el dinero llegue y se destine a proyectos viables. Son los resultados los que importan. Los acuerdos del Tipo 1 son puramente teóricos e impracticables, mientras que los del Tipo 2 son una invitación al abuso. Por lo tanto, este punto medio por el que los acuerdos del Tipo 2 son vigilados a nivel público desde la óptica de los Objetivos de Desarrollo del Milenio es la mejor garantía de que los pobres obtendrán resultados positivos de esta cumbre.


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