| Duda: Río + 10 o Río -10
Análisis de Marwaan Macan-Markar
Funcionarios de la Organización de las Naciones Unidas
realizarán una ardua tarea de relaciones públicas
en los últimos días de la Cumbre Mundial sobre
Desarrollo Sostenible (CMDS) para tratar de demostrar que
la conferencia está a la altura de las expectativas
y es realmente “Río más 10” , no
“Río menos 10”, como creen los países
del sur y la sociedad civil.
Uno de los indicadores que han adoptado para presentar una
visión positiva de la cumbre es el número de
promesas realizadas para financiar programas a través
de “partnerships” del tipo 2, es decir, asociaciones
entre organizaciones no gubernamentales y gobiernos o empresas
para implementar proyectos socioambientales.
Los acuerdos llamados del tipo 1, en cambio, son los realizados
entre gobiernos y organismos gubernamentales.
La primera semana de la Cumbre concluyó con 300 compromisos
del tipo 2.
”Algunas de esas asociaciones (del tipo 2) pueden ser
consideradas experimentos en los que el sistema mundial no
había pensado. Con ellas, la población local
tendrá un mayor papel, un lugar en la toma de decisiones”,
dijo el secretario general de la Cumbre, Nitin Desai.
La CMDS fue convocada para evaluar los avances registrados
desde la Conferencia Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo
celebrada en Río de Janeiro en 1992 o Cumbre de la
Tierra, por lo que también es denominada Río+10.
Los esfuerzos de la ONU, organismos multilaterales y distintos
gobiernos por resaltar las asociaciones del ”tipo 2”
restan importancia a instituciones mundiales significativas
surgidas en Río de Janeiro, como el Fondo Mundial para
el Medio Ambiente (GEF), advirtieron activistas.
El GEF era percibido entonces como el tipo de mecanismo internacional
que el mundo necesitaba para impulsar iniciativas de desarrollo
sustentable a nivel multilateral.
Con estas acciones intergubernamentales, los países
del mundo industrializado acordaban brindar ayuda por medios
multilaterales al desarrollo sustentable mediante el incremento
de la asistencia financiera a las naciones en desarrollo,
de modo que éstas pudieran implementar proyectos respetuosos
del ambiente.
Las prioridades marcadas en Johannesburgo llevaron a muchas
organizaciones de la sociedad civil, como la humanitaria Oxfam
y la ambientalista Greenpeace Internacional, a alertar que
la cumbre de Johannesburgo es, más que un Río
más 10, un Río menos 10, es decir, un retroceso.
La CMDS se convocó ”para garantizar el cumplimiento
de los compromisos, en especial de financiamiento, en el marco
multilateral de Río de Janeiro”, pero ”ahora
sabemos que eso no sucederá”, dijo el activista
Martin Khor, director de la Red del Tercer Mundo.
”Las acciones del tipo 2 fueron inventadas como opción
para el caso de que no haya acuerdos multilaterales concretos.
Así, podrán lograr que los periodistas digan
que se hizo algo en la cumbre. Es un ejercicio de relaciones
públicas”, concluyó Khor.
A medida que la semana concluye, los funcionarios de la ONU
no son los únicos que aplauden la constitución
de este tipo de asociaciones. La delegación de Estados
Unidos informó el jueves en la cumbre su apoyo a tales
iniciativas.
Washington planea gastar más de 1.000 millones de
dólares en aliviar la pobreza y en el financiamiento
de proyectos para proteger el ambiente mundial. La mayoría
de ese dinero se canalizará a través de asociaciones
con fundaciones y empresas, informaron funcionarios, es decir,
del ”tipo 2”.
Se trata de un ”nuevo enfoque” para ofrecer a
los pobres del mundo agua potable y alivio para el hambre,
afirmaron. En cumbres como la de Johannesburgo, ”las
palabras son buenas, pero sólo las acciones concretas
pueden acabar con estos problemas”, dijo la subsecretaria
de Estado estadounidense Paula Dobriansky.
Los proyectos ofrecen argumentos para que Estados Unidos
reivindique su papel de ”líder mundial en desarrollo
sustentable”.
El GEF obtuvo un aporte inicial de los gobiernos de 2.900
millones de dólares en 1994, seguido por 2.750 millones
de dólares en 1998. Este mes, se reunieron compromisos
por 2.900 millones de dólares.
Estados Unidos fue el principal donante y ofreció
ahora 500 millones de dólares, informó el jefe
ejecutivo del GEF, Mohammed El-Ashry.
Pero el dinero que recibe el organismo no alcanza para los
proyectos presentados por los países en desarrollo
para proteger la biodiversidad, combatir el cambio climático
y la degradación del suelo. ”Aunque tuviéramos
10.000 millones de dólares, no podríamos cubrir
la demanda”, dijo El-Ashry.
Para muchos activistas resulta evidente que muchos países
industrializados se resisten a cumplir el compromiso reafirmado
en Río de Janeiro de aportar 0,7 de su producto interno
bruto como asistencia oficial al desarrollo, por lo que el
GEF no puede esperar un mayor aporte de dinero por esa vía.
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