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Un especial de Tierramérica: Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible,
Johannesburgo, 26 de agosto - 4 de septiembre 2002
 
   
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Duda: Río + 10 o Río -10

Funcionarios de la Organización de las Naciones Unidas realizarán una ardua tarea de relaciones públicas en los últimos días de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible (CMDS) para tratar de demostrar que la conferencia está a la altura de las expectativas y es realmente “Río más 10” , no “Río menos 10”, como creen los países del sur y la sociedad civil.

Uno de los indicadores que han adoptado para presentar una visión positiva de la cumbre es el número de promesas realizadas para financiar programas a través de “partnerships” del tipo 2, es decir, asociaciones entre organizaciones no gubernamentales y gobiernos o empresas para implementar proyectos socioambientales.

Los acuerdos llamados del tipo 1, en cambio, son los realizados entre gobiernos y organismos gubernamentales.
La primera semana de la Cumbre concluyó con 300 compromisos del tipo 2.
”Algunas de esas asociaciones (del tipo 2) pueden ser consideradas experimentos en los que el sistema mundial no había pensado. Con ellas, la población local tendrá un mayor papel, un lugar en la toma de decisiones”, dijo el secretario general de la Cumbre, Nitin Desai.

La CMDS fue convocada para evaluar los avances registrados desde la Conferencia Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo celebrada en Río de Janeiro en 1992 o Cumbre de la Tierra, por lo que también es denominada Río+10.

Los esfuerzos de la ONU, organismos multilaterales y distintos gobiernos por resaltar las asociaciones del ”tipo 2” restan importancia a instituciones mundiales significativas surgidas en Río de Janeiro, como el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF), advirtieron activistas.

El GEF era percibido entonces como el tipo de mecanismo internacional que el mundo necesitaba para impulsar iniciativas de desarrollo sustentable a nivel multilateral.

Con estas acciones intergubernamentales, los países del mundo industrializado acordaban brindar ayuda por medios multilaterales al desarrollo sustentable mediante el incremento de la asistencia financiera a las naciones en desarrollo, de modo que éstas pudieran implementar proyectos respetuosos del ambiente.

Las prioridades marcadas en Johannesburgo llevaron a muchas organizaciones de la sociedad civil, como la humanitaria Oxfam y la ambientalista Greenpeace Internacional, a alertar que la cumbre de Johannesburgo es, más que un Río más 10, un Río menos 10, es decir, un retroceso.

La CMDS se convocó ”para garantizar el cumplimiento de los compromisos, en especial de financiamiento, en el marco multilateral de Río de Janeiro”, pero ”ahora sabemos que eso no sucederá”, dijo el activista Martin Khor, director de la Red del Tercer Mundo.

”Las acciones del tipo 2 fueron inventadas como opción para el caso de que no haya acuerdos multilaterales concretos. Así, podrán lograr que los periodistas digan que se hizo algo en la cumbre. Es un ejercicio de relaciones públicas”, concluyó Khor.

A medida que la semana concluye, los funcionarios de la ONU no son los únicos que aplauden la constitución de este tipo de asociaciones. La delegación de Estados Unidos informó el jueves en la cumbre su apoyo a tales iniciativas.

Washington planea gastar más de 1.000 millones de dólares en aliviar la pobreza y en el financiamiento de proyectos para proteger el ambiente mundial. La mayoría de ese dinero se canalizará a través de asociaciones con fundaciones y empresas, informaron funcionarios, es decir, del ”tipo 2”.

Se trata de un ”nuevo enfoque” para ofrecer a los pobres del mundo agua potable y alivio para el hambre, afirmaron. En cumbres como la de Johannesburgo, ”las palabras son buenas, pero sólo las acciones concretas pueden acabar con estos problemas”, dijo la subsecretaria de Estado estadounidense Paula Dobriansky.

Los proyectos ofrecen argumentos para que Estados Unidos reivindique su papel de ”líder mundial en desarrollo sustentable”.

El GEF obtuvo un aporte inicial de los gobiernos de 2.900 millones de dólares en 1994, seguido por 2.750 millones de dólares en 1998. Este mes, se reunieron compromisos por 2.900 millones de dólares.

Estados Unidos fue el principal donante y ofreció ahora 500 millones de dólares, informó el jefe ejecutivo del GEF, Mohammed El-Ashry.

Pero el dinero que recibe el organismo no alcanza para los proyectos presentados por los países en desarrollo para proteger la biodiversidad, combatir el cambio climático y la degradación del suelo. ”Aunque tuviéramos 10.000 millones de dólares, no podríamos cubrir la demanda”, dijo El-Ashry.

Para muchos activistas resulta evidente que muchos países industrializados se resisten a cumplir el compromiso reafirmado en Río de Janeiro de aportar 0,7 de su producto interno bruto como asistencia oficial al desarrollo, por lo que el GEF no puede esperar un mayor aporte de dinero por esa vía.

 


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