| RIO+10:
Nuevo enfoque en la cooperación internacional
Por Marwaan Macan-Markar
JOHANNESBURGO, 30 ago (IPS) - Los proyectos que involucran
a gobiernos, empresas, organismos multilaterales y la sociedad
civil son privilegiados en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo
Sostenible, lo cual, según algunos activistas, constituye
un retroceso ante el marco multilateral acordado en 1992.
La primera semana de la Cumbre que se celebra en la nororiental
ciudad sudafricana de Johannesburgo concluye con 300 compromisos
de financiamiento de proyectos denominados del ”tipo
2”, para diferenciarlas de los acordados por gobiernos
y organismos intergubernamentales.
”Algunas de estas asociaciones pueden ser consideradas
experimentos en los que el sistema mundial no había
pensado. Con ellas, la población local tendrá
un mayor papel, un lugar en la toma de decisiones”,
dijo el secretario general de la Cumbre, Nitin Desai.
La Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible fue convocada
para evaluar los avances registrados desde la Conferencia
Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo celebrada en Río
de Janeiro en 1992 o Cumbre de la Tierra, por lo que también
es denominada Río+10.
Los esfuerzos de la ONU, organismos multilaterales y distintos
gobiernos por resaltar las asociaciones del ”tipo 2”
contribuyen a restar importancia a instituciones mundiales
significativas surgidas en Río de Janeiro, como el
Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF), advierten activistas.
El GEF era percibido entonces como el tipo de mecanismo internacional
que el mundo necesitaba para impulsar iniciativas de desarrollo
sustentable a nivel multilateral.
Con estas acciones intergubernamentales, los países
del mundo industrializado acordaban brindar ayuda por medios
multilaterales al desarrollo sustentable mediante el incremento
de la asistencia financiera a las naciones en desarrollo,
de modo que éstas pudieran implementar proyectos respetuosos
del ambiente.
Las prioridades marcadas en Johannesburgo llevaron a muchas
organizaciones de la sociedad civil, como la humanitaria Oxfam
y la ambientalista Greenpeace Internacional, a alertar que
la cumbre de Johannesburgo es, más que un Río+10,
un Río-10, es decir, un retroceso.
La Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible se convocó
”para garantizar el cumplimiento de los compromisos,
en especial de financiamiento, en el marco multilateral de
Río de Janeiro”, pero ”ahora sabemos que
eso no sucederá”, dijo el activista Martin Khor,
de la Red del Tercer Mundo.
”Las acciones del 'tipo 2' fueron inventadas como opción
para el caso de que no haya acuerdos multilaterales concretos.
Así, podrán lograr que los periodistas digan
que se hizo algo en la cumbre. Es un ejercicio de relaciones
públicas”, concluyó Khor.
A medida que la semana concluye, los funcionarios de la ONU
no son los únicos que aplauden la constitución
de este tipo de asociaciones. La delegación de Estados
Unidos informó el jueves en la cumbre su apoyo a tales
iniciativas.
Washington planifica gastar más de 1.000 millones
de dólares en aliviar la pobreza y en el financiamiento
de proyectos para proteger el ambiente mundial. La mayoría
de ese dinero se canalizará a través de asociaciones
con fundaciones y empresas, informaron funcionarios, es decir,
del ”tipo 2”.
Se trata de un ”nuevo enfoque” para ofrecer a
los pobres del mundo agua potable y alivio para el hambre,
afirmaron. En cumbres como la de Johannesburgo, ”las
palabras son buenas, pero solo las acciones concretas pueden
acabar con estos problemas”, dijo la subsecretaria de
Estado estadounidense Paula Dobriansky.
Los proyectos dan pie a las declaraciones oficiales de Estados
Unidos reivindicando su papel de ”líder mundial
en desarrollo sustentable”.
El GEF obtuvo un aporte inicial de los gobiernos de 2.900
millones de dólares en 1994, seguido por 2.750 millones
de dólares en 1998. Este mes, se reunieron compromisos
por 2.900 millones de dólares.
Estados Unidos fue el principal donante y ofreció
ahora 500 millones de dólares, informó el jefe
ejecutivo del GEF, Mohammed El-Ashry.
Pero el dinero que recibe el organismo no alcanza para los
proyectos presentados por los países en desarrollo
para proteger la biodiversidad, combatir el cambio climático
y la degradación del suelo. ”Aunque tuviéramos
10.000 millones de dólares, no podríamos cubrid
la demanda”, dijo El-Ashry.
Para muchos activistas resulta evidente que muchos países
industrializados se resisten a cumplir el compromiso reafirmado
en Río de Janeiro de aportar 0,7 de su producto interno
bruto como asistencia oficial al desarrollo, por lo que el
GEF no puede esperar un mayor aporte de dinero por esa vía.
(FIN/2002)
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