| Militarismo o desarrollo, esa es la cuestión
por Thalif Deen
Organizaciones no gubernamentales criticaron el plan de acción
de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible (CMDS) un
día antes de su finalización por su falta de
referencia al creciente gasto militar en todo el mundo.
“A través de los años, y mediante acuerdos
internacionales, los estados miembros de la Organización
de las Naciones Unidas (ONU) han reconocido que el gasto militar
es un desperdicio de recursos”, señaló
Joan Russow, del Global Compliance Research Project.
“Lamentablemente, o la memoria institucional es corta
o los países miembros ignoran los precedentes”,
agregó.
El gasto militar mundial se estima entre 850.000 millones
y un billón (millón de millones) de dólares.
Estados Unidos tiene el mayor presupuesto de defensa del mundo.
Luego de los ataques terroristas del pasado 11 de septiembre
y de la guerra en Afganistán, el presupuesto militar
estadounidense aumentó de 310.000 millones de dólares
en 2001 a 329.000 millones en 2002, y se proyecta que llegará
a 379.000 millones para 2003.
Jeffrey Sachs, asesor del secretario general de la ONU, Kofi
Annan, destacó que una pequeña fracción
del presupuesto militar estadounidense (unos 25.000 millones
de dólares) bastaría para resolver la mayor
parte de los problemas económicos y sociales del mundo.
Sin embargo, Washington no ha mostrado disposición
alguna a recortar su presupuesto de defensa ni a desviar recursos
hacia los países más pobres, agregó Sachs.
La producción y el consumo militar constituyen un
grave impedimento para el desarrollo sostenible, señaló
Pauline Cantwell, del grupo Peace Action, porque “causan
contaminación y toman recursos que podrían invertirse
en desarrollo sustentable”.
En la Cumbre de Río, en 1992, la comunidad internacional
acordó en la Agenda 21 (el plan global para un ambiente
más limpio) desviar cada año 700.000 millones
de dólares de los presupuestos militares hacia proyectos
sustentables, dado que la guerra fría ya había
terminado.
Sin embargo, ese acuerdo nunca se plasmó en la realidad.
“Al ignorar la necesidad de revertir el militarismo,
el plan de implementación de la CMDS promueve el culto
a la guerra en lugar de la cultura de la paz”, opinó
Cantwell.
El subsecretario general de la ONU para Asuntos de Desarme,
Jayantha Dhanapala, urgió la semana pasada a los participantes
de la cumbre a reconocer el papel vital del desarme.
El creciente gasto militar mundial no sólo desvía
preciosos recursos financieros, materiales y humanos de áreas
productivas a áreas improductivas, sino que pone en
riesgo el ambiente del planeta y las perspectivas de desarrollo
social y económico de todos los países, afirmó.
Dhanapala recordó que hace exactamente 15 años,
la comunidad mundial se reunió en la sede de la ONU
para inaugurar la histórica Conferencia Internacional
sobre la Relación entre el Desarme y el Desarrollo.
“Sin embargo, el gasto mundial de defensa aumentó
a unos 850.000 millones de dólares al año, una
cifra cercana al promedio de la guerra fría”,
lamentó.
En cuanto a la posesión o desarrollo de armas de destrucción
masiva por grupos y estados terroristas de todo el mundo,
el funcionario advirtió sobre los graves costos ambientales
y económicos de la producción de tales armas,
en especial de las atómicas, pese a los solemnes compromisos
internacionales para eliminarlas.
“La producción de esas armas no sólo
significará una pesadilla ambiental para las futuras
generaciones, como podemos verificar en Asia central actualmente,
sino que el uso de ellas bien puede poner en peligro la propia
vida en este planeta”, advirtió Dhanapala.
El funcionario recordó que el Artículo 26 de
la Carta de las Naciones Unidas prevé un sistema de
paz y seguridad internacional basado en “la menor desviación
posible de recursos humanos y económicos del planeta
hacia las armas”. |