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Un especial de Tierramérica: Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible,
Johannesburgo, 26 de agosto - 4 de septiembre 2002
 
   
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Militarismo o desarrollo, esa es la cuestión

Organizaciones no gubernamentales criticaron el plan de acción de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible (CMDS) un día antes de su finalización por su falta de referencia al creciente gasto militar en todo el mundo.

“A través de los años, y mediante acuerdos internacionales, los estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) han reconocido que el gasto militar es un desperdicio de recursos”, señaló Joan Russow, del Global Compliance Research Project.

“Lamentablemente, o la memoria institucional es corta o los países miembros ignoran los precedentes”, agregó.

El gasto militar mundial se estima entre 850.000 millones y un billón (millón de millones) de dólares. Estados Unidos tiene el mayor presupuesto de defensa del mundo.

Luego de los ataques terroristas del pasado 11 de septiembre y de la guerra en Afganistán, el presupuesto militar estadounidense aumentó de 310.000 millones de dólares en 2001 a 329.000 millones en 2002, y se proyecta que llegará a 379.000 millones para 2003.

Jeffrey Sachs, asesor del secretario general de la ONU, Kofi Annan, destacó que una pequeña fracción del presupuesto militar estadounidense (unos 25.000 millones de dólares) bastaría para resolver la mayor parte de los problemas económicos y sociales del mundo.

Sin embargo, Washington no ha mostrado disposición alguna a recortar su presupuesto de defensa ni a desviar recursos hacia los países más pobres, agregó Sachs.

La producción y el consumo militar constituyen un grave impedimento para el desarrollo sostenible, señaló Pauline Cantwell, del grupo Peace Action, porque “causan contaminación y toman recursos que podrían invertirse en desarrollo sustentable”.

En la Cumbre de Río, en 1992, la comunidad internacional acordó en la Agenda 21 (el plan global para un ambiente más limpio) desviar cada año 700.000 millones de dólares de los presupuestos militares hacia proyectos sustentables, dado que la guerra fría ya había terminado.

Sin embargo, ese acuerdo nunca se plasmó en la realidad. “Al ignorar la necesidad de revertir el militarismo, el plan de implementación de la CMDS promueve el culto a la guerra en lugar de la cultura de la paz”, opinó Cantwell.

El subsecretario general de la ONU para Asuntos de Desarme, Jayantha Dhanapala, urgió la semana pasada a los participantes de la cumbre a reconocer el papel vital del desarme.

El creciente gasto militar mundial no sólo desvía preciosos recursos financieros, materiales y humanos de áreas productivas a áreas improductivas, sino que pone en riesgo el ambiente del planeta y las perspectivas de desarrollo social y económico de todos los países, afirmó.

Dhanapala recordó que hace exactamente 15 años, la comunidad mundial se reunió en la sede de la ONU para inaugurar la histórica Conferencia Internacional sobre la Relación entre el Desarme y el Desarrollo.

“Sin embargo, el gasto mundial de defensa aumentó a unos 850.000 millones de dólares al año, una cifra cercana al promedio de la guerra fría”, lamentó.

En cuanto a la posesión o desarrollo de armas de destrucción masiva por grupos y estados terroristas de todo el mundo, el funcionario advirtió sobre los graves costos ambientales y económicos de la producción de tales armas, en especial de las atómicas, pese a los solemnes compromisos internacionales para eliminarlas.

“La producción de esas armas no sólo significará una pesadilla ambiental para las futuras generaciones, como podemos verificar en Asia central actualmente, sino que el uso de ellas bien puede poner en peligro la propia vida en este planeta”, advirtió Dhanapala.

El funcionario recordó que el Artículo 26 de la Carta de las Naciones Unidas prevé un sistema de paz y seguridad internacional basado en “la menor desviación posible de recursos humanos y económicos del planeta hacia las armas”.


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