| Acuerdos y no micrófonos, piden ONG
por María Laura Mazza
Las empresas multinacionales acapararon
desde el principio el proceso oficial de la Cumbre Mundial
sobre Desarrollo Sostenible, CMDS, y por eso la participación
de las organizaciones no gubernamentales (ONG) en el proceso
de la conferencia carece de todo peso, opinaron representantes
de la sociedad civil latinoamericana.
A diferencia de lo ocurrido en la Cumbre
de la Tierra en Río de Janeiro hace 10 años,
algunas ONG llamadas “Major Groups” pueden ahora
expresar sus opiniones dentro del ámbito de la CMDS,
y no sólo en foros separados de los representantes
gubernamentales.
Sin embargo, “el nuevo acceso no
significa capacidad de influencia”, porque a los gobernantes
les falta voluntad política para contrariar los intereses
de las compañías multinacionales y “el
proceso oficial ha sido secuestrado” por esas poderosas
empresas, afirmó el salvadoreño Ricardo Navarro,
presidente del grupo Amigos de la Tierra/Internacional.
Navarro puso como ejemplo el texto presentado
a la CMDS por Estados Unidos, carente de cualquier compromiso
concreto y plagado de términos vagos, como la propuesta
de reducir “bastante” la población mundial
sin acceso al agua potable para 2025, mientras que las organizaciones
ambientalistas proponen disminuirla a la mitad.
El hecho de que algunas ONG tengan voz
en las sesiones plenarias de Sandton “es una conquista
muy pequeña, porque ahora tienen micrófono propio,
pero los gobiernos no las escuchan, por lo tanto la voz que
tienen ahora es la misma que tenían en 1992”,
opinó Muriel Saragoussi, directora ejecutiva del grupo
ambientalista brasileño Fundacao Vitoria Amazónica
y coordinadora de la delegación de activistas de Brasil.
Según la activista, “los
gobiernos tienen sus propias preocupaciones” y con el
supuesto diálogo con las ONG “mantienen a éstas
ocupadas, porque en vez de dedicarse al activismo están
en el centro de convenciones de Sandton discutiendo sobre
puntos y comas igual que ellos y esta situación les
resta eficiencia en su capacidad de presión”.
“Quien realmente reparte las cartas
es la Organización Mundial del Comercio, y a nosotros
nos dejan las Naciones Unidas, que ya no tiene ningún
poder”, lamentó Saragoussi.
Con respecto a las llamadas “asociaciones
para la implementación” entre ONG y gobiernos
o multinacionales, Navarro opinó que “algunas
pueden ser buenas pero no es este mecanismo el que logrará
el desarrollo sostenible, a menos que se acompañe de
acuerdos multilaterales con fuerza vinculante”.
Saragoussi estuvo de acuerdo. Ella cree
que esas asociaciones sólo funcionarán si se
elabora un plan obligatorio de aplicación de los objetivos
de desarrollo y las empresas multinacionales finalmente deben
rendir cuentas de sus acciones.
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