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Un especial de Tierramérica: Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible,
Johannesburgo, 26 de agosto - 4 de septiembre 2002
 
   
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Hablar cuesta caro

Por Thalif Deen

La Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible (CMDS) cuesta tres veces más que la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo celebrada en Río de Janeiro en 1992.

La Cumbre de Río, descripta como la mayor reunión de líderes mundiales hasta entonces, salió poco más de 15 millones de dólares, pero el costo de la CMDS se estima entre 50 y 55 millones de dólares.

El aumento excede por lejos el factor inflacionario, que habitualmente se tiene en cuenta al evaluar el costo real de las conferencias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Desde 1992, el foro mundial ha organizado una serie de “megaconferencias” sobre cuestiones clave: derechos humanos (Viena, 1993), población (El Cairo, 1994), desarrollo social (Copenhague, 1995), mujeres (Beijing, 1995), vivienda (Estambul, 1996), alimentación (Roma, 1996) y financiación para el desarrollo (Monterrey, 2001).

La ONU también organizó la Cumbre del Milenio, realizada en el año 2000 en Nueva York.

Según el Departamento de Información Pública de la ONU, la mayoría de las conferencias de la organización mundial cuestan apenas entre 1,8 y 3,4 millones de dólares, y la única excepción fue la Cumbre de Río.

Grispian Olver, director general del Departamento de Asuntos Ambientales y Turismo, afirmó que el presupuesto original de la CMDS era de 550 millones de rands, equivalente a unos 46,3 millones de dólares.

Sin embargo, a partir de los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos se decidió aumentar el presupuesto de seguridad. “Quisimos asegurarnos de que la planificación de seguridad fuera absolutamente perfecta”, dijo Olver.

En una conferencia de prensa realizada en febrero, Olver sostuvo que el gobierno de Sudáfrica había aportado casi 200 millones de rands, y el resto del dinero procedía de países y empresas donantes.

“Si Estados Unidos arruina la cumbre de Johannesburgo, debería pagar la cuenta que la ONU y el gobierno de Sudáfrica asumieron por organizar la cumbre”, dijo a Terra Viva Daniel Mittler, de Amigos de la Tierra/Internacional.

Estados Unidos y la Unión Europea han criticado duramente las grandes conferencias de la ONU por su alto costo y su falta de logros.

Madeleine Albright, que fue embajadora estadounidense ante la ONU y luego secretaria de Estado (canciller), llegó a pedir una suspensión de todas las conferencias del foro mundial “hasta que se hayan implementado los resultados de las últimas”.

Estados Unidos sugirió en lugar de las conferencias la realización de sesiones especiales de la Asamblea General de la ONU en su sede de Nueva York, como forma de evitar grandes costos. Al menos dos de esas sesiones especiales se celebraron en los últimos años: una sobre sida y otra sobre infancia.

La CMDS reabre entonces el debate sobre la utilidad de las conferencias de la ONU. El subsecretario general y director del Departamento de Información Pública de la organización mundial, Shashi Tharoor, afirmó que las conferencias no sólo generan “discursos vacíos”, como le dijo un periodista.

Tharoor dijo que el silencio aísla a las personas, y aunque es cierto que muchas de las reuniones internacionales se caracterizan por lo que el escritor T.S. Eliot llamó “la intolerable lucha con las palabras y sus significados”, esas palabras “articulan aspiraciones, identifican enfoques comunes, revelan brechas y ayudan a salvarlas”.

“Sin conversaciones, nunca habría acuerdo, y sin acuerdo, no habría acción”, señaló el funcionario.

Richard Holbrooke, ex embajador de Estados Unidos ante la ONU, discrepó. “Miles de personas se reúnen y gastan millones o decenas de millones de dólares” para “discutir sobre antiguas diferencias y aprobar resoluciones pomposas pero vacías”, dijo.

Ese dinero estaría mejor invertido si se aplicara directamente al problema en discusión, opinó Holbrooke.

Consciente de esta crítica, la Secretaría de la ONU advirtió el mes pasado a todos sus altos funcionarios que evitaran las extravagancias y los excesos en Johannesburgo.

“Debemos tener en cuenta que esta conferencia tiene lugar en medio de una gran crisis alimentaria en Africa austral, que afecta a 13 milones de personas”, les recordó Iqbal Riza, jefe de gabinete del secretario general de la ONU, Kofi Annan.

Riza también advirtió a los jefes de división que evitaran enviar a Johannesburgo demasiado personal, “lo que puede percibirse como un derroche de recursos humanos y financieros”.

Sería sensato “abstenerse de una hospitalidad excesiva, y cualquier evento patrocinado por las Naciones Unidas debería ser modesto y frugal”, agregó.

La semana pasada, en un mensaje de correo electrónico ampliamente difundido, un ex embajador latinoamericano ante la ONU y alto funcionario del gobierno de su país se quejó del alza de precios en Johannesburgo y de “acuerdos insatisfactorios de la CMDS”.

“Los precios de todos los servicios son superiores a lo normal, en particular los de hoteles y transporte local. A los delegados que asisten a las reuniones de alto nivel de tres días de duración se les exige pagar por los 10 días de la cumbre, sin excepciones”, señaló.

El ex embajador dijo que su país, que atraviesa una grave crisis financiera, no puede darse el lujo de enviar una gran delegación a Johannesburgo dados los precios que se cobran en esta ciudad.

“Luego que la Asamblea General de la ONU decide el sitio de una conferencia, los organizadores hacen lo que quieren para aprovechar la situación”, dice el mensaje electrónico.

Sudáfrica compitió con Indonesia por ser la sede de la CMDS. Como premio consuelo, Indonesia fue anfitriona de la última reunión de la Comisión Preparatoria de la Cumbre, realizada en Bali el pasado junio. (FIN/2002)

 


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