| Las empresas deben abrir sus puertas
Por Maria Laura Mazza
No puede haber buenos negocios en sociedades fracasadas.
Esta es la premisa del libro “El buen negocio de la
sustentabilidad”, de Fernando Almeida, donde afirma
que la fuerza de la economía está ligada inextricablemente
al cuidado del ambiente y al desarrollo social.
Almeida, presidente ejecutivo del Consejo Empresarial Brasileño
para el Desarrollo Sustentable, que forma parte del World
Business Council for Sustainable Development, dialogó
en exclusiva con Tierramérica.
Extractos:
-TIERRAMERICA: ¿Qué
están haciendo las grandes empresas a favor del desarrollo
sustentable?
-ALMEIDA: Las grandes empresas
están asumiendo su responsabilidad civil, invirtiendo
no sólo en el área ambiental, que es la tradicional,
sino también en el área social. El mundo está
cada vez más privatizado, el sector privado juega un
papel cada vez más importante, por lo tanto las empresas
tienen que ejercer esa función social, nunca sustituyendo
al Estado, sino en acuerdo con él y con la sociedad
civil.
-¿Eso produce algún beneficio concreto para
los desposeídos de este planeta? La pobreza tiende
a crecer cada vez más.
-Es verdad. Eso es un efecto perverso de la concentración
de los ingresos. Brasil es uno de los países con mayor
concentración de ingresos del mundo. Eso tiene que
cambiar, y las discusiones que tienen lugar en Johannesburgo
tienden a eso. Nuestros países, en especial los latinoamericanos,
tienen que romper ese círculo de elite. La supervivencia
de nuestras sociedades a largo plazo exige una redistribución
inmediata de los ingresos.
-¿Por qué cree que la sustentabilidad puede
ser un buen negocio?
-Las empresas no tienen alternativa, porque sustentabilidad
significa supervivencia. Cuando una empresa invierte en sustentabilidad,
aumenta su competitividad porque se vuelve más ecoeficiente.
Se produce más con menos: menos agua, menos energía,
menos materia prima, y además mejora mucho su imagen
al trabajar con el sector social. Entonces no tienen opción;
el mercado se los exige.
-Las compañías petroleras en particular, ¿invierten
en sustentabilidad ambiental o por el contrario tratan de
frustrar iniciativas como la de Brasil, de promover las fuentes
renovables de energía?
-Por un lado están los países árabes,
que tratan de frustrarla. Por otro están las grandes
empresas mundiales, como British Petroleum y Shell, que tuvieron
problemas en el pasado pero ahora son referencias dentro del
World Business Council for Sustainable Development.
-Trascendió que el acuerdo logrado en Sandton sobre
agua potable y saneamiento fue condicionado a que no se fije
ningún objetivo en materia de energía renovable.
¿Qué comentario le merece esto?
-La cuestión de la sustentabilidad pasa por principios
éticos. Considero absolutamente falto de toda ética
proponer en una conferencia mundial que no se fijen objetivos
ni plazos. Respeto la posición de cada país,
pero si queremos la supervivencia de este planeta, precisamos
metas y cronogramas de forma inmediata.
-Muchas multinacionales adoptaron iniciativas voluntarias
para la sustentabilidad socioambiental, pero siguen arrojando
sus desechos tóxicos en los países pobres. ¿Por
qué no aplican esos códigos voluntarios?
-No puedo referirme a lo que pasa en todo el mundo, pero en
el caso de Brasil se han encontrado muchos residuos contaminantes
de procedencia desconocida. Sin embargo, hay una tendencia
muy fuerte, por la cooperación de la sociedad y la
acción de los medios de comunicación, para evitar
que eso siga ocurriendo.
-El Sur en desarrollo y la sociedad civil exigen un instrumento
internacional de responsabilidad empresarial con carácter
obligatorio.
-Creo que es cuestión de tiempo, y cuando hablo de
tiempo hablo de décadas. Ese tipo de transparencia
en el área social va a ser obligatoria algún
día. Todas las empresas que quieran sobrevivir, deberán
abrir sus puertas a la sociedad en general.
-¿La cumbre de Johannesburgo mejorará la situación
de los pobres?
-Mi mayor preocupación son los miserables del mundo.
Brasil tiene 20 millones de hambrientos, el mundo tiene 2.000
millones de hambrientos, y eso es una vergüenza. Por
eso escribí este libro, por eso estoy aquí,
para hacer mi pequeña contribución. Soy optimista,
de lo contrario no podría trabajar en esto. Creo que
las sociedades van a tener que experimentar un cambio radical
en cuanto a la desconcentración de los ingresos, para
lograr un mundo mejor. ¿Si la cumbre contribuirá
a eso o no? Esa es mi gran duda.
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